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Deja Vu.-

Capítulo Uno: Un Accidente
   "Desearía que nada de esto hubiese pasado, regresar el tiempo y empezar todo de nuevo, sólo quiero volver atrás…"

Siete y treinta. Suena el despertador anunciando el comienzo de un nuevo día, esperemos que sea de esos geniales, los cuales sólo se viven una vez en la vida y no podemos volver a ellos, pero disfrutamos al máximo. Me trato de arreglar el cabello mientras tomo un jugo de sabor melón y unas tostadas con mermelada que componen mi desayuno y, terminado eso estoy lista para ir a clases...
Camino relajadamente, no quiero que mi peinado se atrofie sólo por el hecho de ir atrasada, bueno, muy atrasada, pero no me importa llegar atrasada, ¡vaya cambios en mi! ver mi vida hace un par de años atrás, años en los cuales aún se podía distinguir nítidamente un color especial en mi, ese color se llamaba inocencia y felicidad. Continuo sin percances ni demoras por mi camino, hasta oír una gran frenada y ver un auto casi encima mío.
-¿Qué te pasa imbécil? Fíjate por dónde andas-me levante golpeando el capó del auto
-Fíjate tú, tú eres la niñita tonta que cruza sin mirar-
¿Niñita tonta?, ¿Qué se cree ése que me viene a tratar de tonta?, pero debo admitirlo soy una tonta por no decirle nada, sólo tomé mis cosas y me fui, tengo muchas cosas en las que pensar como para preocuparme por un estúpido automovilista.  
Iba a mi salón de clases cuando vi a mis "amigos" fuera del salón.
  -Hola-les dije
  -Hola- unánime
  -¿Cómo están? ¿Qué hacen acá afuera?-
  -nos sacaron de la clase- risas.
  -¿Qué hicieron esta vez?-
  -Conversar en clases… ¿y tú?-
  -lo mismo de siempre-
  -¿Por qué no entras?-
  -¿Vamos al patio de atrás? le saqué cigarros a Jorge-.
Antes solía ser una niña buena, mis padres estaban orgullosos de mí, no llegaba tarde a ninguna parte y mi promedio sobrepasaba el seis cinco. Hoy ya nada es así, mi padre quedó sin trabajo y de ahí se sumió en el alcohol, ellos me regañan todo el tiempo y sus peleas son muy recurrentes y para que mencionar mis notas si no sobrepasan el cuatro cinco…

Era hora de volver a casa, la parte que más odio del día es llegar a mi casa y escuchar las interrogaciones de mi madre sobre mi vida "libertina" como si fuese una prostituta, por otro lado el mejor lugar para estar es mi pieza donde el mundo cae a mis pies…
…Happiness
Something in my own place
I'm standing naked
Smiling, i feel no disgrace
With who i am

Happiness
Coming and going
I watch you look at me
Watch my fever growing
I know just who i am…[
]
Me sometí a aquella canción que en mi reproductor sonaba y que con ansias tarareaba, la cual me identificaba enormemente, llego a parecer un zombie caminando al son de ella…
  -Hola-
  -¿Tú?-
  -Sí, lo siento por casi atropellarte esta mañana-era ese chico nuevamente, la verdad es que ni me fije en que momento apareció 
  -Ya ni me acordaba, tu existencia es irrelevante para mí-
  -¿Te invito un helado?-
  -No debo aceptar invitaciones de desconocidos-
  -No pareces del tipo-
  -¿Del tipo?-
  -De niñas que le hacen caso a sus padres, más bien parece de esas que corren por colores propios-
  -Algo así, pero no es de tu interés-
  -Me llamo Maximiliano tengo veintidós años y trabajo-
  -Ya ¿…y?-
  -Ya no soy un desconocido-
  -Bien por ti-
  -Vamos ¿Qué te cuesta?-
  -¿Para qué quieres invitarme a tomar un helado?-
  -Disculparme por cómo te trate-
  -Bueno estás disculpado, puedes dormir feliz, ahora vete-
  -Son sólo un par de minutos, o ¿tienes algo mejor que hacer?-
  -De seguro-
  -Pero es sólo un momento-
  -Sí acepto promete que no nos volveremos a ver-
  -¿A dónde vamos?-
Me llevo a una cafetería cercana, él pidió un cappuccino mientras yo pedí un helado doble de mocca y lúcuma…
  -¿Cómo te llamas?-
  -Camila-
  -Lindo nombre-Le sonreí irónicamente, la verdad él era muy agradable conmigo, cada rasgo suyo parecía perfecto pero sentí un leve rechazó, no podría mantenerme cerca de él algo me lo impedía. Fue una velada silenciosa, para luego irnos caminando sin rumbo durante unos minutos, tal vez horas y ni me di cuenta. Los nervios y una sudoración inexplicable se apoderaron de mí que me quitaba las ganas de verlo y aún más hablar porque llegaba a titubear. Un silencio incómodo nos gobernaba, él se mostraba feliz mirando el paisaje, mientras yo, nerviosa y sin ánimos de decir nada hasta el punto de comenzar a ponerme colorada; lo único que quería era huir, ¿huir?, Sí, huir de su presencia que me resultaba tan encantadora y caer perdidamente ante sus ojos, porque una vez que ocurra eso, ya no habrá marcha atrás.  
  -¡¡Espera!!-
  -¿Qué?-
  -¿A dónde vas?-
  -¿Qué te importa?-
  -Bueno… en realidad no me importa pero se supone que andamos juntos ¿no?-
  -No-
  -¡¡ ¿No?!!-
  -No-
  -¿No?-
  -¡¡No!!-
  -¿Por qué no?-
  -porque no-
  -¿No quieres estar conmigo?- No le conteste ante su pregunta que me descolocaba y hacia más difícil escapar de él.
Esbozando una risa burlona me tomó del brazo. -responde- insistió y lentamente apretó más fuerte mi brazo dirigiéndolo hacia él, me miraba tan fijamente que era imposible mirar otra cosa, esa era su intención y costaba resistirse, -respóndeme
-imbécil- lo golpié ya imaginarán donde y seguí mi camino lo más rápido que pude
-Bueno y ¿Este imbécil puede llevarte a tu casa?- Decía mientras se levantaba
-No…está bien, sólo porque es tarde-.
La noche se acercaba y recordaba aquel momento durante varias horas y sentía que aún estaba él conmigo, añoraba verlo, deseaba que las horas se hicieran segundos y sin darme cuenta cuando lo vuelva a ver…si es que lo vuelvo a ver. Pues ya era tarde, sus ojos cafés con una mirada triste pero a la vez esperanzada en busca de algo o quizás de alguien, se había adentrado en mí, junto con su cabello negro y tez trigueña. ¿Podría ser yo ese alguien? Me lo pregunté una y mil veces aquella noche, ¿Y si así es?, quedará marcado como intente huir de él pero todos sus atributos fueron los suficientemente fuertes para no evitar soñarlo, respirarlo y sólo con el anhelo de verlo una y mil veces junto a mí respirando el mismo aire y compartiendo el tibio de nuestro cuerpo. 
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Capítulo Dos: Si agacho la cabeza nadie me descubrirá
Siete y treinta. Otro día comenzaba con el agradable sonido de mis padres peleando, yo para variar mi rutina voy nuevamente atrasada al colegio sin ánimos. Con ganas de pausar mi vida y sentarme relajadamente en un sillón, o mejor, sentarme frente a mi madre y decirle en unos minutos todo lo que no le he dicho en una vida y abrazar a mi padre que durante toda mi existencia me he preguntado que se sentirá tener algún tipo de contacto físico con él. Se hacía tarde y había que cruzar el umbral, aquella muralla de Berlín que separaba la felicidad de la vida de mi habitación con el lúgubre vivir de esa casa.
  -¿Y tú tan tarde te despiertas?- No le respondí a mi madre y seguí caminando. -¿Qué crees que estoy regalando dinero a tu colegio para que llegues tarde?-
  -No pierdes nada y algo que hagas por mí por lo menos ¿no?-cogí una manzana y salí
Mis palabras calaron en lo más hondo de su amargura y resentimiento, ya que se enfureció instantáneamente con lo expuesto, la discusión con mi padre la dejo molesta y se exalto rápidamente conmigo, en unos segundos estaba sobre mí gritando como loca y golpeándome, me apretó muy fuerte los brazos, mostrando su poder, superioridad y derecho sobre mí, derecho moral que perdía cada minuto que sus manos me apretaban y golpeaban. Tanto así que me dejo la cara y los brazos marcados…
Lo único que podía pasar por mi mente en esos segundos o tal vez minutos, fue en ¿Qué momento llegamos a esto?, ¿En qué minuto dejamos de jugar a la familia feliz para convertirnos en lo que en realidad somos? Hubiera preferido seguir jugando y engañándome con la ilusión de que la palabra familia me sonará más cercana al llegar a una casa donde sienta que me quieren sin importar lo material preferiría ver una sonrisa esbozada en el rostro de mi madre que miles de billetes. Aunque en la situación actual prefiero el dinero…
Caminé con prisa y sin demora, mi madre una vez que entró en “sí” se levanto, no con arrepentimiento sino con la altivez que le caracteriza, mientras yo junto a la decepción y soberbia que me caracteriza me apronte a mi colegio. Sacando fuerzas de no sé donde tomé mi bolso y salí lo más rápido posible de mi adorable hogar, llena de lágrimas y sacando un estuche de maquillaje que tenía en la mochila. Apenas estuve lo suficientemente lejos me detuve en una esquina para dar paso a cubrir toda huella del profundo amor que mi madre siente por mí, y no me quejo por lo menos tengo un lugar donde comer y dormir, viviendo con las comodidades básicas y estás marcas se borran con el tiempo ya me acostumbre a ellas…
  -¿Qué te paso?-
  -¿Qué haces tú aquí?-La verdad me alegraba verlo, pero no en estas condiciones
  -Me respondes a una pregunta con otra pregunta, eso no se hace-
  -Hace tiempo olvidé que es lo que se hace-
  -¿Estás molesta?-
  -Y a ti que te importa ¿Me estás espiando a caso?-
  -No, yo iba a mi trabajo y te vi aquí-
  -Qué casualidad y justo por aquí-
  -No es casualidad, yo vivo aquí-
  -Ah sí claro, vives aquí en la calle-
  -Eh no, justo en la casa la cual estás apoyada-
  -Perdón por apoyarme en tu pared-
  -Ah descuida, muchas personas se apoyan una más una menos da igual-
  -¿Por qué no te vas?-
  -¿Qué te hice ahora?-
  -Me molesta tu presencia-
  -Lo siento ¿Algo que pueda hacer al respecto?-
  -Sí, que no te vuelva a ver nunca más, lo prometiste-
  -¿Realmente quieres eso?-
  -Por algo lo digo, ¡vete a molestar a alguien más!-
  -Bien te dejo, no sabía que te molestaría tanto- Se marchó sin decir nada más, sólo dio media vuelta y se fue, me arrepentí de haberle dicho que no lo quería volver a ver, pero estoy segura que lo volveré a ver.
El camino a clase se me hizo eterno, así que mejor decidí quedarme en una plaza un tanto abandonada por los ojos de nuestra sociedad. Sin saber qué hacer me recosté sobre el pasto a observar el cielo y sus prominentes nubes con formas indescifrables que me llenaban de tranquilidad,  más aún si no hay nadie ni nada que perturbe el silencio en el cual estas hundida. Poco a poco fui a entrado a mi mundo favorito, a ese que todo lo imposible se hace posible y sin miedo a lo que se pueda sentir, la imaginación junto con la mente viajan a un lugar que sólo en mi mente puede existir, un lugar que me pertenece sólo a mí y a su gobernador Morfeo pues caí en su reino.
   “-¡Perdóname, yo no quise hacer esto!-Me veía exasperada, no sé a quién ni porque lo hacía, pero ahí estaba en medio de la noche con manchas de sangre en mi falda escolar
  -Tranquila, no fue tu culpa-Maximiliano estaba junto a mí, acariciándome y sosteniéndome”.
Era una espectadora en mi insípido sueño, sueño que me descolocaba cada vez que lo recordaba,  y el recuerdo cada minuto fue más frecuente. Me admire acostada en una plaza y sola, me levanté apenas noté que el sueño y el deseo de seguir durmiendo y soñando se habían esfumado, aunque la curiosidad de continuar aquel sueño en busca de respuestas o un entendimiento me inundaban. Pero no ahí, así que decidí ir a mi casa. Mire la hora por simple curiosidad para ver cuánto tiempo estuve dormida. Eran las 17:23. No podía creer la hora, por lo que me apresure y acorte distancias yéndome por otro lado. Los pasajes se hacían cada vez más oscuros y a menudo avanzaba mi paso las personas se iban resguardando en sus casas, yo seguía mi camino sin asombro ni resignación, aún me quedaban unos minutos para llegar a mi casa y la luz del día se iba apagando para dar paso a una noche fría y al parecer larga.
Sentí unos pasos, pasos que cada vez se acercaban más. Me di vuelta lenta pero a la vez estrepitosamente…
  -Hola princesa, tan sola que andas-Continué mi paso sigilosamente. -¿Por qué tan rápido alguna mala cara?-
  -Sí, la tuya imbécil- Corrí lo más rápido que pude para alejarme de aquel tipo que me empezó a molestar, entré por unas calles que no conocía, hasta verme perdida.
  -¿Para qué correr? Si te iba a alcanzar igual-
  -¿Quién eres? ¿Y qué quieres?-
  -Muchas preguntas mi amor-
  -Lo siento, no es mi culpa que no pienses tan rápido-
Se abalanzó sobre mí apretando mi cuello, no al punto de ahorcarme. Comenzando un forcejeo para que me suelte, mientras él cada vez me apretaba más dejando una mano libre para recorrer mi blusa. “¡Suéltame!” grité. Una y mil veces, sin que nadie me oyese o por lo menos nadie quiso hacer algo mientras su mano recorría mi cuerpo. Trate de zafarme pero no podía, mis fuerzas eran nulas en ese momento que sólo me abatía la angustia del que podría pasar. Me tiró al suelo y lentamente comenzó a hacerse realidad lo que pensé y odie que pasase, él se desprendía de su pantalón, mientras yo tratándome de consolar sólo acudí a no pensar, pues sentí que ya nada podría hacer.
El tipo cayó sobre mí, no se movía, al parecer estaba inconsciente cuando noté que alguien lo saco, era Maximiliano.
  -¿Estás bien?-Corrí a abrazarlo y sin pensar como llego hasta ese lugar, sólo agradecía su presencia
  -Sí, gracias-Aún estaba temblando.
Me abrazó fuertemente, tratando de calmarme pero no podía. Max cayó al suelo por un momento, sin perder la consciencia. El tipo había despertado del golpe que recibió por parte de Max, aún no recobraba bien la consciencia pues su cuerpo tambaleaba un poco, mientras daba pasos para acercarse a mí. Fui retrocediendo hasta tropezar, y me encontré con una botella de vidrio en el suelo la cual agarre con firmeza en espera de un movimiento. Se lanzó a por mí, cuando no alcanzó ni a tocarme y ya le había quebrado la botella en la cabeza  le pegue una segunda vez para que no recobrará el conocimiento. Al observar lo ocurrido tire la botella y fui por Max, quien un poco aturdido me abrazó.
Pasaron varios minutos y los tres permanecimos como estatuas, inmóviles ante el frío y la gente que pudo pasar, pero no pasó. Fue una noche solitaria y larga. Me acerque para ver al tipo, estaba muerto. Los vidrios se habían encajado en su cabeza, ya no respiraba, ya no hacía nada. Maximiliano al ver la situación en que estábamos intento reanimarlo, pero no obtuvo el éxito esperado.
  -¡Perdóname, yo no quise hacer esto!- le grité
  -Tranquila, no fue tu culpa-Maximiliano estaba junto a mí, acariciándome y sosteniéndome. Cuando vino a mí el recuerdo de aquel extraño sueño, ese momento que ya había vivido.
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Capítulo Tres: Una noche en vela
Tenía miedo, estaba paralizada y sin saber qué hacer mientras Max me preguntaba si necesitaba algo o me hablaba de cualquier cosa. Caminamos hasta llegar a la intersección en que se ubicaba su casa. “Puedo quedarme esta noche en tu casa” le dije. Temía que me dijese que no y tuviera que enfrentar a mi madre por la hora y en el estado en que hubiese llegado, pero no, la respuesta de él fue un sí.
Era cerca de las diez de la noche, aún mi cuerpo temblaba y no cesaba, mientras la angustia y vergüenza se apoderaba de mí, mi cuerpo y mis pensamientos.  
  -¿Quieres un café?-Asentí. Me sentí incomoda en la casa de Max, ya que no era mi casa, todo lo vivido con él anteriormente y debo decirlo, conmigo él fue muy cálido, siempre quise mantener una imagen de él apática pero no, nunca lo fue y creo que tampoco lo será.
  -¿Vives con alguien más?-
  -Si te preocupa que alguien llegue, descuida porque nadie lo hará-
  -No quiero que nadie me vea en este estado…Gracias Max-
  -¿Por?-
  -Por el café, por dejarme hospedar aquí y por estar ahí cuando necesitaba alguien-
  -No tienes nada que agradecer-
  -¿Qué pasó con el chico?-
  -No pienses en eso ahora-.
El tiempo pasaba y yo aún sin moverme de aquel sillón veía televisión, o por lo menos eso intente, pero mi mente no se callaba, tenía el afán de recordarme todo lo ocurrido esa noche y no es para menos si mate un hombre. Aún sigo preguntándome que mierda habré hecho para llegar a este punto de mi vida donde lo mejor que me ha pasado se llamaba Maximiliano, un completo desconocido quien ha estado conmigo en todo momento pero, no puedo confiar plenamente ni menos aferrarme a la imagen de un desconocido.
  -Ya es tarde ¿Aún sin sueño?-Max en todo momento trato de animarme
  -No puedo ni siquiera dormir-
  -Trata de olvidar esta noche-
  -No es fácil-
  -Si sé, pero haz  el intento-
  -¿Cómo?-
  -Hm, preparemos algo para comer-
  -No tengo hambre-
  -Lo siento, pero no era una pregunta…¡¡Vamos!!-
Entramos a la cocina, que no era muy grande pero era rescatable lo demasiado limpia que se encontraba.
  -¿Qué hacemos?-le pregunto.
  -¿Qué desea la dama?-
  -Dejar de vivir o existir, pero no tengo la fuerza ni la valentía de quitarme la vida-
  -Bueno, de eso no hay y creo que no habrá nunca, pero podemos hacer pizza-
  -Pizza está bien-. Preparamos una pizza con todo lo que encontramos y por un instante pude olvidar todo lo ocurrido y me divertí como nunca antes; lanzándonos harina por todo rincón en que nos encontrásemos. Cuando acabamos de preparar nuestra deliciosa pizza notamos que aquella reluciente cocina había quedado tan sucia que pasamos horas limpiándola luego de comer nuestra exquisita preparación.
  -Son casi las cuatro de la madrugada y mañana tengo que ir a clases-
  -¿Es una broma que irás a clases?-
  -No sé, mi madre debe estar buscándome así que… no, eso sería muy utópico-
  -¿Por qué tan utópico?-
  -Porque mi madre no es de esas que quieren a sus hijos o por lo menos a mí-
  -Yo creo que te quiere, tal vez no sabe cómo expresarlo-
  -Cualquier manera de expresarlo es válida menos los golpes-…  
Hubo un silencio en aquel salón durante unos segundos. Max no dijo ni hizo nada, sólo me miraba y se acerco al sillón donde me encontraba para acariciarme el pelo.
  -Pero esta noche no habrá golpes ni nada, ve a dormir mejor-
  -¿Sabes? Cuando entre a tu casa lo único en que pensaba era en ese hombre y todo lo que pasó.
  -¿Aún lo sigues pensando?-
  -Pues sí, pero menos que antes-
  -Eso es bueno-
  -Sí, gracias a ti-
  -Me sonroja que me digas eso-
  -No, en serio gracias a ti aún puedo elegir con quien será mi primera vez, y siento que ya elegí- Lo besé en la mejilla.-Tal vez sea muy rápido y para ti seré muy niña, pero tengo claro que me gustas, desde que te vi lo supe-Los nervios comenzaron a sentirse
  -Me dejas sin palabras, yo…-
  -Entonces no digas nada-Me acerque a Max, y mientras más me acercaba mi corazón latía más rápido y los nervios comenzaban a crecer al punto que comencé a tiritar   
  -¿Un café?-
  -Bueno-Me separe de él mientras fue a preparar el café.
  -¿Con dos de azúcar?-
  -Creo que necesito tres cucharadas-
  -Ok-Mientras me entregó el café ninguno de los dos se miro, cada uno estaba centrado en sus pensamientos.-Parece que será una noche larga y silenciosa-
  -Sí, eso parece-Le respondí.  
  -Tú también me gustas-. Sonreí
  -¿No me estás mintiendo?-
Max se acerco a mí para mirarme fijamente a los ojos y me besó, un beso intenso lleno de nerviosismo, pasión, miedo y lágrimas.
  -¿Crees que mentiría?-
  -No sé-. siempre he pensado que un hombre que invita a una mujer a dormir a su casa es para algo más que sólo conversar, y entre a tu casa con eso muy claro, y aunque suene ridículo sabía que si ése chico no me violaba, al venir a tu casa contigo pasaría algo, y, cuando me dijiste que no vendría nadie confirmaba todo, me gustas y noto que hay algo-
Me acerque a él con los nervios del momento y lo besé en la mejilla, a lo que él respondió con otro beso en mi mejilla. Me miro fijamente durante un tiempo, “¿Tengo algo?” le pregunté. A lo que respondió con un “no”, las miradas continuaban cuando se me acerco aún más hasta quedar acostados en el sillón, besándonos.
Pronto él se detuvo un momento, me besó la frente y se levanto.
  -Me gustas, pero hoy no será el día-. Sus palabras me confortaban, pues sentía la reciprocidad de esto. Subimos a su habitación, y nos acostamos sobre la cama.-Que duermas bien y claro trata de dormir algo-Sello sus palabras con un beso en mi oreja, para intentar dormir algo luego del agotador día. Un nuevo día se aproximaba, ya estaba amaneciendo, pues pequeños rayos entraban a través de las cortinas. Cerré mis ojos con una gran paz y sin miedo al despertar.   

   "-Lo siento, de verdad, nunca fue mi intención lastimarte-
  -Y ¿Por qué lo haces?- 
  -Eso es algo que no te interesa, necesito dinero y gracias a ti y a niñitas como tú, he podido sobrevivir-".

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Capítulo Cuatro: Un amargo café
No quería despertar, vi un destello de luz atravesando la cortina y supe que el sol ya había salido, me levanté para abrir las cortinas y apreciar el día, luego las cerré y me cobije nuevamente en su cama, escondiendo mi cabeza bajo aquellas mantas lisas y azules. Apreté mis ojos para volver a dormir y sentir que aún podía seguir soñando y entender aquél sueño extraño, me gustaba soñar con Max aunque los sueños que tenía con él siempre se mantuvieron cargados de misticismo aunque prefiero más la divagación de mi mente que la realidad misma, así que intente una última vez caer en los brazos de morfeo. Pero aún así, no podía dormir, estuve un buen rato dando vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño, no podía apagar mi mente y dejar de pensar en aquél sueño y preguntarme ¿Quién habrá sido la chica con la que hablaba Max? trate de olvidar el tema por un momento así que decidí enfrentarme a un nuevo día. 
Partí buscando mi celular para tener alguna noción de la hora, pero no, no estaba por ningún lado. De hecho no había nada mío en la habitación de Max, así que salí de la habitación para buscar mis cosas y a él.
  -Por fin despertaste-dijo con una cara de impresión.
  -Lo siento, me hubieras despertado-
  -No, te ves linda durmiendo y preferí no despertarte-me sonrojé
  -Eh, mis cosas, ¿Dónde están?-
  -Tú ropa está en el baño y bueno, en realidad todas tus cosas están ahí, ah en seguida subiré el desayuno, espérame en la habitación-.
Sentía una pequeña expectación por ese día, sentía que era único y nada podría cambiar este sentimiento de felicidad que me llenaba. Creo que fue el despertar más lindo que he tenido en años y vale decir que es algo patético si se analiza, pero así es y debo admitirlo que de todos mis años es el más feliz y tranquilo; me di una ducha rápida y me comencé a vestir antes de que subiese Max con el desayuno.
  -¿Camila?-tocó la puerta del baño para verificar que estaba ahí
  -eh, sí, en seguida salgo-
  -Bueno, te espero en mi pieza-
Terminé lo más rápido que pude para aprovecha mis últimos minutos junto a él. “¡Que rico cocinas!” exclamé. Necesitaba romper el silencio y tensión de aquél momento, ya que él no hacía ni decía nada. Todo cambio, la expectación de mil bajo a un cero y todo en el desayuno, donde pronunciar una palabra resultaba casi imperdonable y me dedique a tomar mi café el más incomodo que he tomado.
  -¿Te pasa algo?-pregunté.
  -¿Por qué preguntas?-
  -curiosidad, simplemente eso.-
  -No, descuida-
  -Bueno, entonces podrías hablar más, ¿no?-
  -No tengo nada que decir-
  -¿Seguro?-
  -Sí, a menos que tú tengas algo que decir-
  -No, nada-
Nos volvimos dos extraños, seres desconocidos, tal vez unidos por una cierta obligación o qué sé yo, en realidad no podría decir que pasó entre nosotros, pero sabía que las palabras se habían acabado, ya nada nos unía, los vocablos escaseaban al punto de poder regalar todos los términos que pude y no utilice, pues era lo que más sobraba, las palabras.
  -Estaba rico-comenté
  -Gracias, que bueno que te gusto... iré a lavar la loza-
  -Bueno, entonces me iré-. Tal vez al decir eso Max reaccionaría o haría algo, pero no. Sólo escuche un “de acuerdo, que te vaya bien y cuídate mucho” nada más, en realidad no debería haber dicho más, pues nada nos une más que sólo la ilusión, la triste ilusión de una niña, aquella niña que aún espera que llegue su príncipe azul a rescatarla de las garras de la vida, que me lleve a un lugar de ensueño donde no recuerde nada, sólo a este personaje ficticio sacado de un cuento Disney que en este planeta yace muy escondido, o casi extinto sino derechamente extinto…
Salí lo más rápido que pude, nunca había tenido tantas ganas de salir de un lugar, exceptuando mi casa, y justamente ahí era donde más ansiaba ir. A una cuadra de llegar comencé a revisar mis cosas buscando mi celular para ver la hora, y tener noción del reto monumental que me iba a llegar, pero no estaba en mi bolso, lo busqué una y mil veces pero no apareció, cuando a mi mente llegó la fugaz imagen de que se me olvido en la casa de Max. Tuve que ir por el celular…

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Capítulo Cinco: La chica Rubia
Llegué a su casa, ahí estaba él, un frío caló mis huesos y en mi corazón algo decía que me debía marchar, aunque a estas alturas de mi vida he dejado de escuchar a mi corazón, ya que siempre que lo sigo a él termino mal, confiar en él es como lanzarse al vacío así sin más, y las cosas no pueden ser así, arriesgar mucho por tan poco, caminar por las oscuridad sólo siguiéndolo a él sin saber lo que te depara el camino y las mil veces que te caerás.
Por lo que he decidido seguir mi razón, y en este caso la simple curiosidad, así que entre a la casa de Max, pasándome por la reja lateral, en el interior de la casa estaba una mujer, una chica joven con rasgos europeos, pelo rubio, alta, delgada de ojos cafés pardos, con unos pómulos bien pronunciados, nunca había vistos unos pómulos así de grandes. Al parecer no superaba los veinticinco años. 
  -¿Quieres un café?-le ofreció Max
  -No, gracias. Estaba ansiosa por llegar, temía perderme por ahí-por su acento debe ser española
  -Sí, bueno esta no es una ciudad peligrosa, así que nada malo podría pasarte-
  -Te quería conocer, tras esas conversaciones virtuales debo decir que me has dejado encantada-le dijo con tanta emoción que me dieron ganas de patearlos a ambos, pero me contuve, pues no debían saber que yo estaba ahí.
  -A mí también me has dejado encantado, tienes todas las virtudes que un hombre busca en una mujer-se acercó a ella, intentando ponerla nerviosa con unos coqueteos leves.
Estaba indignada, Max resultó ser un maldito seductor que se jacta de su caballerosidad, pero resulta ser el más imbécil ser humano que ha pisado este mundo. Ahora entiendo porque se comporto así de distante y frío, lo único que quería era que me fuera para poder estar a solas con esa chica, claro si tiene "todo lo que un hombre busca”.
No pude estar ni un segundo más ahí, no podía ver que el mismo chico que se comportó de manera tan heroica conmigo la noche anterior hoy es el peor de todos. Pero no me podía ir debía recuperar mi celular y subí por las rejillas al segundo piso, siendo lo más cautelosa posible llegue a su dormitorio y tomé mi celular, hasta el momento todo iba perfecto, ya que ninguno había notado mi presencia, me dirigí hacia la puerta pero escuché sus voces, me percaté que venían al dormitorio y me escondí raudamente bajo la cama para no ser vista.
  -Ponte esto-
  -¿Qué es esto Max?-
  -ropa, quiero que la uses-
  -Si noto que es ropa, pero es muy diminuta, se me verá todo Max-No lograba  ver la ropa que Max le entregó a la chica para que se vistiera y que ella tanto se rehusó a usar.
  -No te estoy preguntando, ¡¡Sólo úsalo!!-
  -¿Qué sucede Max?-
  -Nada sólo ponte la maldita ropa- 
  -Pero ¿Por qué?-
  -porque vendrán por ti en unos minutos más y debes estar lista-
  -¿Vendrán por ti?, ¿Quiénes?-
  -Bueno, por algo estás aquí ¿no?, si fueses lo suficientemente inteligente no hubieses llegado a Chile con la idea de casarte con un completo desconocido-
  -No entiendo-
  -Te contacte con la idea de seducirte y traerte a Chile así es más fácil venderte, y la verdad no me gustas, es sólo un negocio, yo por tenerte aquí y entregarte a las personas que vendrán por ti estoy ganando mucho dinero-
  -O sea que todo lo que me dijiste fue mentira-
  -La verdad, no siempre hablabas conmigo mi correo real no es ese, ese lo usan otras personas para contactar a mujeres como tú y usan mi foto-
  -¿Qué harán conmigo?-
  -Piensa, no me gusta decirlo, así que no lo haré-
  -Déjame ir, ¡Max! Yo no quiero eso para mi vida, sólo quería casarme y tú…-
  -Lo siento, de verdad, nunca fue mi intención lastimarte-
  -Y ¿Por qué lo haces?-
  -Eso es algo que no te interesa, necesito dinero y gracias a ti y a niñitas como tú, he podido sobrevivir-.
Anonada bajo la cama, escuchaba sin poder recobrar la conciencia ante la situación en que me veía sometida, involucrada sin querer. Max era un tratante de blancas, traficante de mujeres y ¿Yo? Hubiese sido otra más de su colección, claro, por eso fue que no quiso que ocurriera nada la noche anterior, porque nunca me quiso, sólo iba a formar parte de su próxima entrega y menos mal que me fui. Ahora me he expuesto yo sola, nunca debí volver, ay maldito celular, que por ti estoy aquí, inmóvil, ya que ante el más mínimo movimiento podía terminar como ésa chica, mis días en soledad y sólo con la convicción de morir, para librarme de un mal que caí por tonta, por creer y confiar en alguien quien nunca conocí de verdad, un ser despiadado que vende mujeres, como si fuesen lápices, o cualquier cosa, destinándolas a horrores que no merecen, debo callar, y lamentablemente es ella o yo, y no puedo, no quiero ser yo. Tengo miedo, estoy paralizada, no sé qué hacer, siento que debo ayudar a esa chica y librarla de la suerte a la cual la llevan, pero, y si es ella o yo, no quiero verme sometida a un final así; mi vida no ha sido grata, ni la más feliz pero es mi vida y no pienso que mi cuerpo sea objeto de personas desquiciadas, que paguen por el al costo que sea, ¡¡NO!! Nada puedo hacer, tal vez ya estando afuera podré obtener ayuda para la chica, antes no, antes debo estar segura yo.

Le suplicaba, le rogaba clemencia ante ella, su vida, su fortuna y él sin nada que decir se marchó dejándola  encerrada en su habitación. Aproveche para mostrarme e intentar escapar.
  -¿Quién eres tú?-
  -Eh, me llamo Camila-
  -¿Qué haces aquí?-
  -Bueno, sólo estoy de paso y ahora me voy que estés bien-me subí a la ventana para intentar marcharme
  -Espera tú no te irás-
  -Eh, de hecho es lo que haré y tú no me lo impedirás-
  -No sabes quién soy yo-
  -Tal vez no te conozco, y tú a mi tampoco, pero sé que eres una chica que engañaron y no puedo hacer nada por ti-
  -¿Sabías todo?-
  -No, me entere por casualidad-
  -¡¡Camila!! ¿Qué haces aquí?-Llegó Max. 

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Capítulo Seis: El hombre de negro
Max dio un portazo, el cual llegó a estremecer toda la habitación. Se dirigió hacia mí…
  -¿Qué haces acá?- me agarro los brazos.
  -Es que… se me quedo mi celular y vine a buscarlo-
  -Y ¿Por dónde entraste?-
  -Por atrás-
  -Y no sabes que para entrar a una casa que no es tuya debes entrar por la puerta y si te lo permiten-
  -La verdad era algo insignificante, así que no habría porque hacer tanto protocolo si tomaba mi celular y me iba-
  -Bueno, ¿te dejo en la puerta?-
  -No gracias, si me sé el camino-Todo fue tan fácil, Max no opuso ninguna resistencia en que yo me vaya. Hecho que me relajo un poco
  -Vete y rápido-Lo dijo dura y secamente
  -¡¡No puedes dejar que se vaya!!-dijo la chica.
  -Ella no debe estar aquí-
Carolina me tomó del brazo empujándome hacia la habitación.
  -¡Ella no se irá!, ¿Por qué yo? ¿Y no ella?-
  -¿De qué hablas Carolina?-Max intentó desentenderse de toda la situación al igual que yo
  -Tú sabes, y ella sabe perfectamente de lo que hablo si estuvo todo el tiempo debajo de la cama-.
A Max se le desfiguró la cara, noté que sentía como si todo se hubiese derrumbado. Se sentó en la cama, apoyando su cabeza entre sus manos. Al pasar unos minutos,  la impresión y tensión paralizo el tiempo, a nosotros y cada movimiento que pudo hacerse y no se hizo. Max se levantó de su cama y tomo bruscamente a Carolina del brazo y a tirones la encerró en el baño, luego de esto volteándose a mí dijo-¿Escuchaste todo?-lo dijo entre medio de tartamudeos.
  -Sí, yo…- Tenía miedo, el pánico se comenzaba a apoderar de mi cada segundo que pasaba y mientras Max se acercaba yo más me alejaba de él.
  -Debes irte, antes de que lleguen, no quiero que te ocurra nada-
  -¿Por qué eres así?-
  -¿Así cómo?-
  -Así tan cambiante, bipolar o como quieras llamarle-
  -Debía estar seguro de que te fueras y no volvieras-
  -¿Te das cuenta en lo que estás metido? ¿Todo lo que arriesgas haciendo esto?-
  -Sé en lo que estoy, y no tengo nada para decir que arriesgo algo-
  -¿Y yo?-
  -¿Tú?-bajo la cabeza y esbozo una leve sonrisa, mientras Carolina golpeaba incansablemente la puerta del baño-Yo sé que ahora para ti todo esto es complicado, pero debes irte, no puedes estar aquí-
  -Quiero estar contigo, ahora y siempre…-Lo abracé, sentí su cuerpo junto al mío para no soltarlo más, todo en un segundo cambio, basto tan sólo una palabra de él para cambiar mi percepción ante la situación. El miedo se esfumo, Max pasó de ser victimario a la víctima.
  -Debes irte, lo antes lo posible… ¡¡Vete!!-Me tomó del brazo, empujándome hacia la puerta, entre zamarreos insistí en quedarme-Entiende que no puedes quedarte, yo elegí esta vida, sé quién soy y que represento para todos. Soy despreciable, lo sé, un hombre que vende personas como si fueran cualquier cosa para que cometan los crímenes más horrendos que te puedas imaginar… Siempre supe a lo que me arriesgaba al meterme en esto y gracias a eso puedo vivir  y mantenerme, al aceptar esta vida acepte la soledad porque ninguna mujer aceptaría una vida así conmigo-
  -Pero deja esta vida-
  -Una vez que entras sólo sales muerto-
  -Pues entonces entro-
  -¿Estarías dispuesta a ver niñas de cinco años en manos de hombres que de seguro la harán someterán a horrores? Tú no eres así…no dudarías ni un día en esto-
  -Yo quiero estar contigo-
  -Mira lo pensé toda la noche y no quiero arrastraste a esta vida, sólo pregúntate, ¿Por qué entre en esto? Si sabía a lo que me enfrentaba-
  -Por qué no tenías otra opción-
  -Siempre la hay y yo me metí a esto porque es la manera más fácil de ganarme la vida y realmente no me importa lo que pase con esas mujeres ¿Quieres estar con alguien así?-
Callé por unos minutos, no quería mirarlo, me incitaba a verlo con la crudeza de sus actos pero no podía hacerlo, sólo lo veía como el chico que me ayudo y por error cayó en esto, lo abracé y por lo menos recibió mi abrazo. Nos mantuvimos un buen rato abrazados, Carolina ya no se escuchaba como golpeaba la puerta, a pesar del silencio inquietante no podíamos conciliar ruido, sólo la incertidumbre de separarnos y ver cómo me seguirá tratando con crudeza ante mi desesperados intentos por permanecer a su lado
  -¿Sabes?- Lo mire atentamente para escuchar que me diría cuando noté como sus ojos se llenaron de lágrimas- Ayer tuve un sueño, el poco rato que dormí soñé contigo abrazados tal cual como estamos ahora y fue lo mejor, me sentía tan feliz de vernos así, pues yo realmente te quiero y quiero lo mejor para ti, e insisto que a mi lado no encontrarás la felicidad… Al transcurrir el sueño hablábamos y veía como nos separábamos y nos poníamos a forcejear, mas nunca escuché el por qué de la discusión, en realidad no escuchaba nada, pero te empujaba y... Fue una grata felicidad ver que ese mal sueño sólo duro unos minutos mientras estuve toda la noche contigo, bajé para prepararte el desayuno, quería atenderte bien pues cada segundo que te contemplaba me gozaba de ver que estabas a mi lado y yo debía protegerte, cuando sonó mi celular y llamaron los tipos con la información de la llegada de Carolina, no podría tenerte aquí, quería alejarte de todo eso no quería que supieras nada sobre esto y no sabía cómo hacerlo pero al final te pude sacar de la casa. Realmente lo siento, no quise comportarme así contigo-
  -Max… mi vida ha tenido felicidades momentáneas, nunca he encontrado refugio en alguien y llegaste tú y no sé, han sido pocas las veces que nos hemos visto yo de verdad he sentido algo especial por ti y la felicidad duradera sé que está contigo y realmente no me importa “esto” lo aceptaré porque...-Se escuchó la puerta.
  -¡¡Max!! ¿Qué hace Carolina afuera?!!-
A Max se le cayó una lágrima y me agarró de los brazos y me decía que me escondiera, pero yo no quería, quería enfrentar junto a él este momento en el cual ya se vio sometido muchas veces. Me empujó, botándome al suelo…
  -¿Te dije en que te terminaba el sueño?-
  -No, Max-
  -Escóndete, por favor-Max alcanzó a salir de la habitación y cerrar la puerta
Se escucharon pasos y por la voz era un hombre, estaban discutiendo y pronto todo permaneció en silencio. Yo estaba en el suelo aferrada a las cobijas de la cama, cuando escuchó un disparo, y la voz del tipo diciendo “esto es por dejar huir a la chica hueón”. Huyó, llevándose a Carolina. La verdad Carolina no era tan inteligente ya que no pudo huir lo suficiente para escapar de ese triste destino sólo se escucharon los gritos de ésta pidiendo clemencia. Salí de la habitación y sólo pude apreciar el auto marcharse con Carolina en la parte de atrás y los tipos vestidos de negro, nada que pudiese distinguirlos de otra persona. 
Me acerqué a Max y abrazándolo fuertemente comencé a llorar, mientras él me dijo:
  -Lo siento por no cumplir mi promesa-
  -¿De que hablas?- 
  -Debí alejarme de ti cuando me hiciste prometerlo-
  -Desearía que nada de esto hubiese pasado, regresar el tiempo y empezar todo de nuevo, sólo quiero volver atrás-
  -Oye ¿te conté que había soñado varias veces esto?, incluso antes de conocerte…-.