Próximamente...

PRÓXIMAMENTE:
...


martes, 28 de diciembre de 2010

RELATOS DE UNA MUERTE: "Desenlaces Inesperados"


Capítulo Catorce: Desenlaces Inesperado
Nos apuntaron, mi corazón se paralizó en la ocasión, veía una tira de imágenes en aquel lugar de mi vida, pensé que éste era el fin de mi corta vida. No he sido una gran persona, siempre con mis vacíos emocionales faltándome algo. Una compañera, siempre creí que era una persona independiente, que tenía amigos y una tía, y con eso me sentía pleno, pero ya no…
Necesitaba alguien, una existencia, una muleta y en el momento que la encontré me la arrebatarían, por esto, nuestra elección de vida. No es fácil ser detective, siempre me lo dijeron, arriesgas a tus seres queridos, porque no soy un doctor, que tiene la vida de las personas en mis manos, soy alguien que pone la vida de las personas en las manos de violadores, asesinos, traficantes y sicarios, esas personas que valen de verdad la pena. Está historia ha terminado, Bruno, Emilia y yo vivíamos nuestros últimos segundos y respiros, siempre anhelamos un final mejor y no en manos de un espía y unos sicarios.
-¿Sus últimas palabras?-
-Emilia yo…- Se escuchó un disparo y toda la habitación se congeló
Raúl cayó al suelo con un disparo en su espalda en la zona superior del brazo izquierdo. La sorpresa se hacía cada vez más cuando descubrimos el emisor del disparo, una mujer.
-¿Quién eres tú?- Saltó Emilia
-Me identifico de inmediato, párate Joaquín, perdón Raúl-
-¿Qué haces aquí?-
-Luego de tantos años, por fin te encontré aquí-
-Martina, ¿No importa todo lo que vivimos?-
-Importa claro, pero a mí no, si nunca me importaste Raúlcito-
-Veo que no has olvidado nada-
-El tomarme el poder era todo lo que quería, no me lo pudiste dar, ahora lo tendrás que pagar, te has salvado durante quince años-
-Martina todo esto tiene solución-
Mientras nosotros atónitos observábamos la situación y a esa Martina, murmurando las situaciones.
-Bruno, ¿ella es la mujer que estaba en su billetera?-
-Sí, ella es-
-Silencio ustedes, o serán los primeros-
Martina se veía decidida a disparar
-¡¡Deténganse, policía!!
La cara de Martina estaba en un shock, no esperaba que llegase el equipo de Oscar por nosotros, muchos podríamos decir que todo terminaría aquí, nosotros tres bien a un rincón de la escena observando la tensión del ambiente.
Martina lanzó un disparo a unas cortinas que cayeron sobre el equipo de Oscar, y huyó...


jueves, 23 de diciembre de 2010

RELATOS DE UNA MUERTE: "Seguimientos de Una Noche"


Capítulo Trece: Seguimientos de una Noche
Raúl ha despertado. A través de la ventana veíamos como no notó nuestra presencia, leyó el mensaje sin inmutarse agarrando su chaqueta para salir.
Mientras, nos escondíamos en dirección al auto de Emilia. Lo seguimos.
Raúl llegó a una casona abandonada, por lo menos lo parecía, la cual estaba rodeada de alerces y pinos, escondiendo muy bien el lugar y a más de dos horas de la capital, un tanto insospechable.
Nos bajamos raudamente tras Raúl para averiguar sus planes y concretar nuestras sospechas.
Ella era y ahí estaba, era Emilia. Tenía marcas notorias de no haber comido y dormido bien.
-Ella no es Katherine Mellado, no es embajadora imbécil, era una simple civil que rondaba el lugar-
-Pero ella se identifico así-
-¿Por qué mentiste sobre tu nombre?-
-Eso es problema mío-  Y el sicario la golpeo, sentí una impotencia de no hacer nada y me levante para ir a la escena
-Espera Esteban, todo se echará a perder-
-¡¡¡Pero!!! La están golpeando no lo puedo permitir-
-Yo tampoco, por eso llama a Oscar y que desplieguen un operativo, mientras, nadie nos puede ver-
Seguían golpeando a Emilia
-¡Para! Recuerda que es una mujer-
-¿Qué pasa Raúl? ¿Te olvidas de la misión?-
-Jamás, sólo que la lastimas demasiado-
-¿Qué?, ahora tienes compasión Raúl Frederich del Solar o debo decir mejor Joaquín, hijo de campesinos, traicionaste a tu país y buscaste Refugio en Estados Unidos, y bueno les has sido muy útil, ¿no?-
-¿Quién eres tú?-
-Da lo mismo, porque ya descubrí quién eras tú, ¡¡Tú eres al que buscamos!! Eres el espía de la embajada-
-¡¡¿Qué sabes tú de mí?!! ¿Eh? ¡¡¡Habla!!!-
-Sólo eso-
-No sé pero no te creo-
-Da lo mismo, lo que yo sepa, nadie lo sabe-
-¿Cómo lo supiste?-
-Por una investigación-
-¿Para quién trabajas?-Emilia esbozó una pequeña risa
-Cuando lo sepas, estarás tras las rejas-Raúl alzó su mano para golpearla con toda su impotencia.
-¡¡Alto!!- gritámos
-¿Quiénes son ustedes?-  


lunes, 20 de diciembre de 2010

RELATOS DE UNA MUERTE: "Encuentros y Sensaciones"


Capítulo Doce: “Encuentros y Sensaciones”
-¿En dónde estamos?-
-Es la casa de Raúl Frederich-
-Y ¿Qué hacemos aquí?-
-Buscando información para encontrar a Emilia-
En la casa no había nadie Bruno se preocupo de que no hubiese nadie en la casa al momento de registrarla, la tensión en el ambiente crecía minuto a minuto sin cesar, no habían lugares sospechosos para buscar, en realidad, no había nada. Una simple casa de un trabajador sin mayor relevancia.
-Hay que encontrar el pasaporte, su visa, algo que nos dé información-
-Sí, hay que revisar el suelo, bajo la cama, entre cajones, detrás de los cuadros y todo lugar que tenga la condición de esconder algo-
Todo lugar en la casa podría ser sospechoso, pues vivía solo, daba lo mismo el lugar en que esconda sus pertenencias.
-¡Escóndete!- me dijo Bruno y ambos caímos tras los sofás que albergaban el salón comedor.
Al parecer venía cansado y lo único que hizo fue acostarse en el sillón viendo televisión cuando sin notarlo se quedo total y absolutamente dormido
-Tenemos que tomarlo-
-¿Qué?-
-Tomarlo como rehén, así nos dirá todo lo que sabe-
-Esto perjudicará la institución, no tenemos pruebas-
-Para eso estamos aquí-
Bruno se levanto y empezó a registrarlo, dando con su billetera. Encontró su visa, venía de Alemania, no tenía nada fuera de lo común en su billetera, nada que delatase su crimen.
-¡Qué belleza!-
-¿Qué cosa?-
-Mira, está chica es hermosa-
-Sí, ¿será una enamorada?-
-Tal vez, igual no me importa. Sigamos en lo nuestro-
Dimos con su celular. No había mensajes en él, al parecer los elimina todos. Bruno comenzó a anotar todos los números de la agenda.
-¿Para qué haces eso?-
-Para buscarlos en una base de datos y así sacar información-
Inesperadamente sonó su celular, ambos con miedo a que este hubiese despertado. Pero no lo hizo, Bruno leyó el mensaje: “Nos vemos en una hora, donde siempre. Ella no se puede quedar más tiempo acá”. Nuestras miradas se cruzaron pensando que todas nuestras sospechas han sido confirmadas. 


sábado, 18 de diciembre de 2010

RELATOS DE UNA MUERTE: "Secuestro y Mi Destino"


Capítulo Once: Secuestro y Mi Destino
Han sido días duros, con Bruno hemos buscado rastros de Emilia, no han dado señales de vida, rescates ni nada con respecto a ella y el objetivo de llevársela.
-Esteban, ¿Cómo va la investigación?-
-Estancada-
-¡¿Qué?! Necesito que resuelvas esto luego-
-Pero… ¡¡Emilia!!-
-Nosotros nos encargaremos de ella, tu enfócate en lo que debería interesarte tu trabajo-
-Lo siento, pero me interesan más mis pares que un caso-
-¿Perdón?-
-Sólo quiero encontrarla y que nada le pase, es mi compañera y no quiero que sufra por mi culpa-
-Creo que necesitas un tiempo, tómate una semana de descanso no quiero verte por aquí-
-Pero… ¿Y, los casos?-
-Se los asignaré a alguien más competente-
-Pero… ¡¡señor!!-
-Lo siento, ahora vete-
Me sentía inútil, Emilia llevaba tres días desaparecida y no me podía permitir no hacer nada por ella, por otro lado Bruno estaba destrozado y como loco buscaba en internet alguna pista e información de algún posible paradero.
Llame a Oscar, necesitaba su ayuda
-Lo siento de verdad, Emi no se merece esto-
-Lo sé, ayúdame, necesito encontrarla y más ahora que no puedo entrar a la institución-
-De acuerdo, te ayudaré en todo lo que pueda-
-Gracias-
Pase toda la tarde pensando y creando estrategias, mi vida se resumía en una sola palabra: Emilia. Hasta que todo se fue a negro, caí en el mundo de lo imposible, mis ojos se cerraron y comencé a soñar las mil y una fantasías de mi vida, bajo el mundo de Morfeo olvide mi realidad y sumergí en el mundo donde no existen horas, minutos ni días.
Sonaba a lo lejos una voz, no quería alcanzarla y volver a mi triste realidad sin ella, la voz se prolongaba y acercaba cada vez más a mí.
-¡¡Esteban!! ¡¡Esteban!! ¡¡Esteban!!- En mi somnolencia contesté
-¿Qué?-
-¡Vámonos!-
-¿A dónde?-
-Sólo sígueme…-


miércoles, 15 de diciembre de 2010

RELATOS DE UNA MUERTE: "Raúl Frederich"


Capítulo Diez: Raúl Frederich
Casi nueve horas tardamos, más bien tardó Bruno en encontrar algo de utilidad. El se llamaba Raúl Martín Frederich del Solar, tenía treinta y cinco años de los cuales los últimos seis años ha vivido en nuestro país, al parecer llegó directamente para trabajar en la embajada del país del cual obtuvo su nacionalidad, pero antes ha trabajado en otras embajadas representado al mismo país, y ha sido así durante los últimos catorce años.
-¿Qué tiene de extraño eso?-
-Pues hasta ahí nada-
-Y ¿Qué lo hace ser sospechoso?-
-Pues que ha sido participe de las embajadas que han tenido “problemas” de relación con su país, no graves pero estos problemas son reales y bueno… poco después de desaparecer este personaje, ocurre un accidente, pérdida de información o dinero.
Lo más curioso es que el apenas llegó a vivir a su país se le cambio la nacionalidad, que eso es cosa de años pero él aparece con la nacionalidad de inmediato y no especifica dónde vivió sus primeros veintiún años, lo que para mí es muy extraño-
-yo también lo creo sospechoso-
-Está en una conferencia, ahí está la dirección, ¡apúrense!-
CAMINO A LA CONFERENCIA
-¿Tú crees que nos reten por trabajar con tu hermano y no con los de la empresa?-
-Me da igual, mi hermano es de más confianza-
-Tienes toda la razón… ¡¡¡¡CUIDADO!!!!-
Un auto se abalanzó hacia nosotros, menos mal que Emilia estaba atenta y lo pudo esquivar.
EN LA CONFERENCIA
-Pero ¿Segura que estás bien?-
-Esteban no te preocupes, estoy bien, ahora separémonos en dos horas nos juntamos aquí por cualquier eventualidad, nos mandamos una señal-
-De acuerdo-
Caminamos sigilosamente buscando una entrada que no nos delatará, el lugar estaba lleno de guardias, había varios embajadores. Buscando a Raúl vi que Emilia ya estaba ubicada en los asientos de atrás de éste, por mi parte trate de ubicarme sin causar revuelo ni sospechas
-Disculpe joven- temí, pensé que era un guardia. -¿Desea algo para tomar?- era un mozo que me ofrecía un trago el cual acepte.
Emilia me mandó un mensaje: Están pensando en retirarse, dirígete hacia una sala que está en el segundo piso y escóndete.
A penas lo leí me levante y fui “al baño”, pues pregunté dónde estaba a un guardia que andaba por ahí.
Los accesos al segundo piso estaban cerrados, más bien prohibidos así que espere un momento prudente y sin que me vieran subí había un único salón en la parte superior del inmueble y ahí me aloje tras unas cortinas esperando que estos llegaran. Escuche unos pasos que se aproximaban tratando de no ser escuchados.
-¿Esteban? ¿Estás ahí?-
-Sí-susurre
-Se están preparando para ir a sus casas, no harán una junta aquí ¡vámonos!-
Salí de mi escondite, y bajamos las escaleras
-¡¿Disculpen?! ¡¡No deberían estar aquí!!-
Era un guardia de esos enormes que en tres segundos nos echo del recinto, sin preguntarnos nada
-Disculpe, ellos ¿figuran en la lista de invitados?-
-Denme sus nombres-
-Esteban…-
-Katherine Mellado- dijo Emilia
-¿Esteban qué?-
-Esteban González-
-Él no figura en la lista de invitados, la embajadora sí-
-Oh, disculpe señora por tratarla de ese modo, pero estaba en un lugar dónde estaba prohibido el acceso-
-Señorita, y lo sé sólo estaba sacando a este muchacho del lugar, si me permiten volveré a la conferencia-
El guardia sin nada que decirme, me echo del lugar pero antes me golpeó
Llamé a Emilia
-¿Qué te pasa? ¿Porqué dijiste eso?-
-Tenía que seguir adentro-
-Y por eso me golpearon-
-Lo siento, pero debía mantenerme aquí y ver lo que ocurría, espérame en el auto-
-de acuerdo-
Estuve alrededor de media hora en el auto de Emilia vislumbrando su salida del lugar. Venía caminando sola, creo fue la última en salir, me miró y sonrió, era tan bella.
Se cruzó un auto entre nosotros, que no me permitió ver nada más, que cuando se fue, ella, ya no estaba…