Próximamente...

PRÓXIMAMENTE:
...


lunes, 28 de febrero de 2011

Deja Vu: Una noche en vela (tercer capítulo)


Tenía miedo, estaba paralizada y sin saber qué hacer mientras Max me preguntaba si necesitaba algo o me hablaba de cualquier cosa. Caminamos hasta llegar a la intersección que se ubicaba su casa. “Puedo quedarme esta noche en tu casa” le dije. Temía que me dijese que no y tuviera que enfrentar a mi madre por la hora y en el estado en que hubiese llegado, pero no, la respuesta de él fue un sí.
Era cerca de las diez de la noche, aún mi cuerpo temblaba y no cesaba, mientras la angustia y vergüenza se apoderaba de mí, mi cuerpo y mis pensamientos.  
-¿Quieres un café?-Asentí. Me sentí incomoda en la casa de Max, ya que no era mi casa, todo lo vivido con él anteriormente y debo decirlo, conmigo fue muy cálido, siempre quise mantener una imagen de él apática pero no, nunca lo fue y creo que tampoco lo será.
-¿Vives con alguien más?-
-Si te preocupa que alguien llegue, descuida porque nadie lo hará-
-No quiero que nadie me vea en este estado…Gracias Max-
-¿Por?-
-Por el café, por dejarme hospedar aquí y por estar ahí cuando necesitaba alguien-
-No tienes nada que agradecer-
-¿Qué pasó con el chico?-
-No pienses en eso ahora-.
El tiempo pasaba y yo aún sin moverme de aquel sillón veía televisión, o por lo menos eso intente, pero mi mente no se callaba, tenía el afán de recordarme todo lo ocurrido esa noche y no es para menos si mate un hombre. Aún sigo preguntándome que mierda habré hecho para llegar a este punto de mi vida donde lo mejor que me ha pasado se llamaba Maximiliano, quien ha estado conmigo en todo momento pero, no puedo confiar plenamente ni menos aferrarme a la imagen de un desconocido.
-Ya es tarde ¿Aún sin sueño?-Max en todo momento trato de animarme
-No puedo ni siquiera dormir-
-Trata de olvidar esta noche-
-No es fácil-
-Si sé, pero has el intento-
-¿Cómo?-
-Hm, preparemos algo para comer-
-No tengo hambre-
-Lo siento, pero no era una pregunta…¡¡Vamos!!-
Entramos a la cocina, que no era muy grande pero era rescatable lo demasiado limpia que se encontraba.
-¿Qué hacemos?-me pregunto.
-¿Qué desea la dama?-
-Dejar de vivir o existir, pero no tengo la fuerza ni la valentía de quitarme la vida-
-Bueno, de eso no hay y creo que no habrá nunca, pero podemos hacer pizza-
-Pizza está bien-. Preparamos una pizza con todo lo que encontramos y por un instante pude olvidar todo lo ocurrido y me divertí como nunca antes; lanzándonos harina por todo rincón en que nos encontrásemos. Cuando acabamos de preparar nuestra deliciosa pizza notamos que aquella reluciente cocina había quedado tan sucia que pasamos horas limpiándola luego de comer nuestra exquisita preparación.
-Son casi las cuatro de la madrugada-
-Y mañana tengo que ir a clases-
-¿Es una broma que irás a clases?-
-No sé, mi madre debe estar buscándome así que… no, eso sería muy utópico-
-¿Por qué tan utópico?-
-Porque mi madre no es de esas que quieren a sus hijos-
-Yo creo que te quiere, tal vez no sabe cómo expresarlo-
-Cualquier manera de expresarlo es válida menos los golpes-…  
Hubo un silencio en aquel salón durante unos segundos. Max no dijo ni hizo nada, sólo me miraba y se acerco al sillón donde me encontraba para acariciarme el pelo.
-Pero esta noche no habrá golpes ni nada, ve a dormir mejor-
-¿Sabes? Cuando entre a tu casa lo único en que pensaba era en ese hombre y todo lo que pasó.
-¿Aún lo sigues pensando?-
-Pues sí, pero menos que antes-
-Eso es bueno-
-Sí, gracias a ti-
-Me sonroja que me digas eso-
-No, en serio gracias a ti aún puedo elegir con quien será mi primera vez, y siento que ya elegí- Lo besé en la mejilla.-Tal vez sea muy rápido y para ti seré muy niña, pero tengo claro que me gustas, desde que te vi lo supe-Los nervios comenzaron a sentirse
-Me dejas sin palabras, yo…-
-Entonces no digas nada-Me acerque a Max, y mientras más me acercaba mi corazón latía más rápido y los nervios comenzaban a crecer al punto que comencé a tiritar   
-¿Un café?-
-Bueno-Me separe de él mientras fue a preparar el café.
-¿Con dos de azúcar?-
-Creo que necesito tres cucharadas-
-Ok-Mientras me entrego el café ninguno de los dos se miro cada uno estaba centrado en sus pensamientos-Parece que será una noche larga y silenciosa-
-Sí, eso parece-Le respondí.  
-Tú también me gustas-. Sonreí
-¿No me estás mintiendo?-
Max se acerco a mí para mirarme fijamente a los ojos y me besó, un beso intenso lleno de nerviosismo, pasión y miedo.
-¿Crees que mentiría?-
-No. siempre he pensado que un hombre que invita a una mujer a dormir a su casa es para algo más que sólo conversar, y entre a tu casa con eso muy claro, y aunque suene ridículo sabía que si ese chico no me violaba, al venir a tu casa contigo pasaría algo, y, cuando me dijiste que no vendría nadie confirmaba todo, me gustas y noto que hay algo-
Me acerque a él con los nervios del momento y lo besé en la mejilla, a lo que él respondió con otro beso en mi mejilla. Me miro fijamente durante un tiempo, “¿Tengo algo?” le pregunté. A lo que respondió con un “no”, las miradas continuaban cuando se me acerco aún más hasta quedar acostados en el sillón, besándonos.
Pronto él se detuvo un momento, me besó la frente y se levanto.
-Me gustas, pero hoy no será el día-. Sus palabras me confortaban, pues sentía la reciprocidad de esto. Subimos a su habitación, y nos acostamos sobre la cama.-Buenas madrugadas, trata de dormir algo-Sello sus palabras con un beso en mi oreja, para intentar dormir algo luego del agotador día. Un nuevo día se aproximaba, ya estaba amaneciendo, pues pequeños rayos entraban a través de las cortinas. Cerré mis ojos con una gran paz y sin miedo al despertar.   


"-Lo siento no quería hacerte esto-
-¿De que hablas Max? ¡¡¿Max?!!-No dijo nada tomo su chaqueta y se marchó".

viernes, 25 de febrero de 2011

Deja Vu: Si agacho la cabeza nadie me descubrirá (segundo capítulo)


Siete y treinta. Otro día comenzaba con el agradable sonido de mis padres peleando, yo para variar mi rutina voy nuevamente atrasada al liceo sin ánimos. Con ganas de pausar mi vida y sentarme relajadamente en un sillón, o mejor, sentarme frente a mi madre y decirle en unos minutos todo lo que no le he dicho en una vida y abrazar a mi padre que durante toda mi existencia me he preguntado que se sentirá tener algún tipo de contacto físico con él. Se hacía tarde y había que cruzar el umbral, aquella muralla de Berlín que separaba la felicidad de la vida en mi habitación con el lúgubre vivir de esa casa.
-¿Y tú tan tarde te despiertas?- No le respondí a mi madre y seguí caminando. -¿Qué crees que estoy regalando dinero a tu liceo  para que llegues tarde?-
-No pierdes nada y algo que hagas por mí por lo menos ¿no?-
Mis palabras calaron en lo más hondo de su amargura y resentimiento, ya que se enfureció instantáneamente con lo expuesto, la discusión con mi padre la dejo molesta y se exalto rápidamente conmigo, en unos segundos estaba sobre mí gritando como loca y golpeándome, me apretó muy fuerte los brazos, mostrando su poder, superioridad y derecho sobre mí, derecho moral que perdía cada minuto que sus manos me apretaban y golpeaban. Tanto así que me dejo la cara y los brazos marcados…
Lo único que podía pasar por mi mente en esos segundos o tal vez minutos, fue en ¿Qué momento llegamos a esto?, ¿En qué minuto dejamos de jugar a la familia para convertirnos en lo que en realidad somos? Hubiera preferido seguir jugando y engañándome con la ilusión de que la palabra familia me sonará más cercana al llegar a una casa donde sienta que me quieren sin importar lo material preferiría ver una sonrisa esbozada en el rostro de mi madre que miles de billetes. Aunque en la situación actual prefiero el dinero…
Caminé con prisa y sin demora, mi madre una vez entró en “sí” se levanto, no con arrepentimiento sino con la altivez que le caracteriza, mientras yo junto a decepción y soberbia me apronte a mi colegio. Sacando fuerzas de no sé donde tomé mi bolso y salí lo más rápido posible de mi adorable hogar, llena de lágrimas y sacando un estuche de maquillaje que tenía en la mochila. Apenas estuve lo suficientemente lejos me detuve en una esquina para dar paso a cubrir toda huella del profundo amor que mi madre siente por mí, y no me quejo por lo menos tengo un lugar donde comer y dormir, viviendo con las comodidades básicas y estás marcas se borran con el tiempo ya me acostumbre a ellas…
-¿Qué te paso?-
-¿Qué haces tú aquí?-La verdad me alegraba verlo, pero no en estas condiciones
-Me respondes a una pregunta con otra pregunta, eso no se hace-
-¿Y?-
-¿Estás molesta?-
-Y a ti que te importa ¿Me estás espiando a caso?-
-No, o iba a mi trabajo y te vi aquí-
-Qué casualidad y justo por aquí-
-No es casualidad, yo vivo aquí-
-Ah sí claro, vives aquí en la calle-
-Eh no, justo en la casa la cual estás apoyada-
-Perdón por apoyarme en tu pared-
-Ah descuida, muchas personas se apoyan una más una menos da igual-
-¿Por qué no te vas?-
-¿Qué te hice ahora?-
-Me molesta tu presencia-
-Lo siento ¿Algo que pueda hacer al respecto?-
-Sí, que no te vuelva a ver nunca más-
-¿Realmente quieres eso?-
-Por algo lo digo, ¡vete a molestar a alguien más!-
-Bien te dejo, no sabía que te molestaría tanto- Se marchó sin decir nada más, sólo dio media vuelta y se fue, me arrepentí de haberle dicho que no lo quería volver a ver, pero estoy segura que lo volveré a ver.
El camino a clase se me hizo eterno, así que mejor decidí quedarme en una plaza un tanto abandonada por los ojos de nuestra comunidad. Si saber qué hacer me recosté sobre el pasto a observar el cielo y sus prominentes nubes con formas indescifrables que me llenaban de tranquilidad,  más aún si no hay nadie ni nada que perturbe el silencio en el cual estas hundida. Poco a poco fui a entrado a mi mundo favorito, a ese que todo lo imposible se hace imposible y sin miedo a lo que se pueda sentir la imaginación junto con la mente viajan a un lugar que sólo en mi mente puede existir, un lugar que me pertenece sólo a mí y a su gobernador Morfeo pues a caí en su reino.
 “-¡Perdóname, yo no quise hacerte esto!-Me veía exasperada, no sé a quién ni porque lo hacía, pero ahí estaba en medio de la noche con manchas de sangre en mi falda escolar
-Tranquila, no fue tu culpa-Maximiliano estaba junto a mí, acariciándome y sosteniéndome”.
Era una espectadora en mi insípido sueño, sueño que me descolocaba a cada vez que lo recordaba,  y el recuerdo cada minuto fue más frecuente. Me admire acostada en una plaza y sola, me levante apenas noté que el sueño y el deseo de seguir durmiendo y soñando se habían esfumado, aunque la curiosidad de continuar aquel sueño en busca de respuestas o un entendimiento me inundaban. Pero no ahí, así que decidí ir a mi casa. Mire la hora por simple curiosidad de ver cuánto tiempo estuve dormida. Eran las 17:23. No podía creer la hora, por lo que apresure el paso  acorte distancias yéndome por otro lado. Los pasajes se hacían cada vez más oscuro y a menudo avanzaba mi paso las personas se iban resguardando en sus casas, yo seguía mi camino sin asombro ni resignación, aún me quedaban unos minutos para llegar a mi casa y luz del día se iba apagando para dar paso a una noche fría y al parecer larga.
Sentí unos pasos, pasos que cada vez se acercaban más. Me di vuelta lenta pero a la vez estrepitosamente…
-Hola princesa, tan sola que andas-Continué mi paso sigilosamente. -¿Por qué tan rápido alguna mala cara?-
-Sí, la tuya imbécil- Corrí lo más rápido que pude para alejarme de aquel tipo que me empezó a molestar, entré por unas calles que no conocía, hasta verme perdida.
-¿Para qué correr? Si te iba a alcanzar igual-
-¿Quién eres? ¿Y qué quieres?-
-Muchas preguntas mi amor-
-Lo siento, no es mi culpa que no pienses tan rápido-
Se abalanzó sobre mí apretando mi cuello, no al punto de ahorcarme. Comenzando un forcejeo para que me suelte, mientras él cada vez me apretaba más y comenzaba su mano a recorrer mi blusa. “¡Suéltame!” grité. Una  mil veces, sin que nadie me oyese o por lo menos nadie hizo nada mientras su mano recorría mi cuerpo. Trate de zafarme pero no podía, mis fuerzas eran nulas en ese momento que sólo me abatía la angustia del que podría pasar. Me tiró al suelo  lentamente comenzó a hacerse realidad lo que pensé y odie que pasase él se desprendía de su pantalón, mientras yo tratándome de consolar sólo acudí a no pensar, pues sentí que ya nada podría hacer.
El tipo cayó sobre mí, no se movía, al parecer estaba inconsciente cuando noté que alguien lo saco, era Maximiliano.
-¿Estás bien?-Corrí a abrazarlo y sin pensar como llego hasta ese lugar, sólo agradecía su presencia
-Sí, gracias-Aún estaba temblando.
Me abrazó fuertemente, tratando de calmarme pero no podía. Max cayó al suelo por un momento, sin perder la consciencia. El tipo había despertado del golpe que recibió por parte de Max, aún no recobraba bien la consciencia pues su cuerpo tambaleaba un poco, mientras daba pasos para acercarse a mí. Fui retrocediendo hasta tropezar, y me encontré con una botella de vidrio en el suelo la cual agarre con firmeza en espera de un movimiento. Se lanzó a por mí, cuando no alcanzo ni a tocarme y ya le había quebrado la botella en la cabeza  le pegue una segunda vez para que no recobrará el conocimiento. Al observar lo ocurrido tire la botella  fui por Max, quien un poco aturdido me abrazó.
Pasaron varios minutos y los tres permanecimos como estatuas, inmóviles ante el frio y la gente que pudo pasar, pero no pasó. Fue una noche solitaria y larga. Me acerque para ver al tipo, estaba muerto. Los vidrios se habían encajado en su cabeza, ya no respiraba, ya no hacía nada. Maximiliano al ver la situación en que estábamos intento reanimarlo, pero no obtuvo el éxito esperado.
-¡Perdóname, yo no quise hacerte esto!- le grite
-Tranquila, no fue tu culpa-Maximiliano estaba junto a mí, acariciándome y sosteniéndome. Cuando vino a mí el recuerdo de aquel extraño sueño, ese momento que ya había vivido.





lunes, 21 de febrero de 2011

Deja Vu: Un accidente (primer capítulo)

Desearía que nada de esto hubiese pasado, regresar el tiempo y empezar todo de nuevo, quiero volver atrás y empezar de nuevo…

Siete y treinta. Suena el despertador anunciando el comienzo de un nuevo día, esperemos que sea de esos geniales los cuales sólo se viven una vez en la vida y no podemos volver a ellos, pero disfrutamos al máximo. Me trato de arreglar el cabello mientras tomo un jugo de sabor melón y unas tostadas con mermelada que componen mi desayuno y, terminado eso estoy lista para ir a clases.
Camino relajadamente, no quiero que mi peinado se atrofie sólo por el hecho de ir atrasada, bueno muy atrasada, pero da lo mismo, no me importa llegar atrasada, vaya cambios en mi, ver mi vida hace un par de años atrás, años en los cuales aún se podía distinguir nítidamente un color especial en mi ese color llamaba inocencia y felicidad. Continuo sin percances ni demoras por mi camino, cuando un chico con su auto casi me mata.
-¿Qué te pasa imbécil? Fíjate por donde andas-
-Fíjate tú, tú eres la niñita tonta que cruza sin mirar-
¿Niñita tonta?, que se cree ése que me viene a tratar de tonta, pero debo decirlo soy una tonta por no decirle nada, sólo me fui, ya tengo muchas cosas en las que pensar como para preocuparme por un estúpido automovilista.  
Iba a mi salón de clases cuando vi a mis amigos fuera de la sala.
-Hola-
-Hola- unánime
-¿Cómo están? ¿Qué hacen acá afuera?-
-nos sacaron de clases- risas.
-¿Por qué?-
-El profe nos echó por conversar en clases… ¿y tú?-
-Yo “me quede dormida”-
-¿Por qué no entras?-
-Porque ustedes están acá… y mejor estar aquí afuera que adentro-
Antes solía ser una niña buena, mis padres estaban orgullosos de mí, no llegaba tarde a ninguna parte y mi promedio sobrepasaba el seis cinco. Hoy ya nada es así, mis padres me regañan todo el día y aparte se pelean entre ellos y, mis notas no sobrepasan el cuatro cinco…
Era hora de volver a casa, la parte que más odio del día es llegar a mi casa y escuchar las interrogaciones de mi madre y diciendo puras tonterías, por otro lado el mejor lugar para estar es mi pieza donde el mundo cae a mis pies…
…Happiness
Something in my own place
I'm standing naked
Smiling, i feel no disgrace
With who i am

Happiness
Coming and going
I watch you look at me
Watch my fever growing
I know just who i am…[
]
Me sometí a aquella canción que en mi reproductor sonaba y que con ansias tarareaba, la cual me identificaba enormemente, la cual como un zombie caminaba al son de ella…
-Hola-
-¿Tú?-
-Sí, lo siento por casi atropellarte esta mañana-
-No te preocupes, ya ni me acordaba-
-¿Te invito un helado?-
-No debo aceptar invitaciones de desconocidos-
-Me llamo Maximiliano tengo veintidós años y trabajo en un servicentro-
 -Ya ¿…y?-
-Ya no soy un desconocido-
-Bien por ti-
-Vamos que te cuesta-
-¿Para qué quieres invitarme a tomar un helado?-
-Disculparme por cómo te trate-
-Bueno estás disculpado ahora largo-
-Son sólo un par de minutos, o ¿tienes algo mejor que hacer?-
-Está bien sólo un momento-
Me llevo a una cafetería conocida, el pidió un cappuccino mientras yo pedí un helado doble de moca y lúcuma…
-¿Cómo te llamas?-
-Camila-
-Lindo nombre-
-Gracias-fui cortante todo el tiempo, la verdad él era muy lindo cada rasgo suyo era perfecto pero sentí un leve rechazó, no podría mantenerme cerca de él algo me lo impedía. Fue una velada silenciosa, para luego irnos caminando sin rumbo durante unos minutos, tal vez horas y ni me di cuenta. Los nervios y una sudoración inexplicable se apoderaron de mí que me quitaba las ganas de verlo y aún más hablar porque llegaba a titubear. Un silencio incomodo nos gobernaba, él se mostraba feliz mirando el paisaje mientras yo, nerviosa sin ánimos de decir nada y ya llegándome a poner colorada y me levante estrepitosamente y trate de huir, ¿huir? Sí, huir de enamorarme y cae perdidamente ante sus ojos, porque una vez que ocurra eso, ya no habrá marcha atrás.  
-¡¡Espera!!-
-¿Qué?-
-¿A dónde vas?-
-¿Qué te importa?-
-Bueno… en realidad no me importa pero se supone que andamos juntos ¿no?-
-No-
-¡¡ ¿No?!!-
-No-
-¿No?-
-¡¡No!!-
-¿Por qué no?-
-porque no-
-¿No quieres estar conmigo?- No le conteste ante su pregunta que me descolocaba y hacia más difícil escapar de él.
Esbozando una risa burlona me tomó del brazo. -responde- insistió y lentamente apretó más fuerte mi brazo dirigiéndolo hacia él, me miraba tan fijamente que era imposible mirar otra cosa, esa era su intención y costaba resistirse, -respóndeme- volvió a insistir mientras cada segundo que pasaba nuestras bocas se acercaban, pidiendo a gritos culminar con un beso de aquellos…
-imbécil- lo empuje y seguí mi camino lo más rápido que pude
-Bueno y ¿Este imbécil puede llevarte a tu casa?- Decía mientras me seguía
-No…está bien sólo porque es tarde-
La noche se acercaba y recordaba aquel momento durante varias horas y sentía que aún estaba él conmigo, añoraba verlo, deseaba que las horas se hicieran segundos y sin darme cuenta cuando lo vuelva a ver…si es que lo vuelvo a ver. Pues ya era tarde, sus ojos cafés con una mirada triste pero a la vez esperanzada en busca de algo o quizás de alguien, se había adentrado en mí, junto con su cabello negro y tez trigueña. ¿Podría ser yo ese alguien? Me lo pregunté una y mil veces aquella noche, ¿Y si así es?, quedará marcado como intente huir de él pero todos sus atributos fueron los suficientemente fuertes para no evitar soñarlo, respirarlo y sólo con el anhelo de verlo una y mil veces junto a mí respirando el mismo aire y compartiendo el tibio de nuestro cuerpo.