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sábado, 25 de junio de 2011

Deja Vu: El hombre de negro (Sexto Capítulo y final)

Max dio un portazo, el cual llegó a estremecer toda la habitación. Se dirigió hacia mí…
-¿Qué haces acá?- me agarro los brazos.
-Es que… se me quedo mi celular y vine a buscarlo-
-Y ¿Por dónde entraste?-
-Por atrás-
-Y no sabes que para entrar a una casa que no es tuya debes entrar por la puerta y si te lo permiten-
-La verdad era algo insignificante, así que no habría porque hacer tanto protocolo si tomaba mi celular y me iba-
-Bueno, ¿te dejo en la puerta?-
-No gracias, si me sé el camino-Todo fue tan fácil, Max no opuso ninguna resistencia en que yo me vaya. Hecho que me relajo un poco
-Vete y rápido-Lo dijo dura y secamente
-¡¡No puedes dejar que se vaya!!-dijo la chica.
-Ella no debe estar aquí-
Carolina me tomó del brazo empujándome hacia la habitación.
-¡Ella no se irá!, ¿Por qué yo? ¿Y no ella?-
-¿De qué hablas Carolina?-Max intentó desentenderse de toda la situación al igual que yo
-Tú sabes, y ella sabe perfectamente de lo que hablo si estuvo todo el tiempo debajo de la cama-.
A Max se le desfiguró la cara, noté que sentía como si todo se hubiese derrumbado. Se sentó en la cama, apoyando su cabeza entre sus manos. Al pasar unos minutos,  la impresión y tensión paralizo el tiempo, a nosotros y cada movimiento que pudo hacerse y no se hizo. Max se levantó de su cama y tomo bruscamente a Carolina del brazo y a tirones la encerró en el baño, luego de esto volteándose a mí dijo-¿Escuchaste todo?-lo dijo entre medio de tartamudeos.
-Sí, yo…- Tenía miedo, el pánico se comenzaba a apoderar de mi cada segundo que pasaba y mientras Max se acercaba yo más me alejaba de él.
-Debes irte, antes de que lleguen, no quiero que te ocurra nada-
-¿Por qué eres así?-
-¿Así cómo?-
-Así tan cambiante, bipolar o como quieras llamarle-
-Debía estar seguro de que te fueras y no volvieras-
-¿Te das cuenta en lo que estás metido? ¿Todo lo que arriesgas haciendo esto?-
-Sé en lo que estoy, y no tengo nada para decir que arriesgo algo-
-¿Y yo?-
-¿Tú?-bajo la cabeza y esbozo una leve sonrisa, mientras Carolina golpeaba incansablemente la puerta del baño-Yo sé que ahora para ti todo esto es complicado, pero debes irte, no puedes estar aquí-
-Quiero estar contigo, ahora y siempre…-Lo abracé, sentí su cuerpo junto al mío para no soltarlo más, todo en un segundo cambio, basto tan sólo una palabra de él para cambiar mi percepción ante la situación. El miedo se esfumo, Max pasó de ser un victimario a una víctima.
-Debes irte, lo antes lo posible… ¡¡Vete!!-Me tomó del brazo, empujándome hacia la puerta, entre zamarreos insistí en quedarme-Entiende que no puedes quedarte, yo elegí esta vida, sé quién soy y que represento para todos. Soy despreciable, lo sé, un hombre que vende personas como si fueran cualquier cosa para que cometan los crímenes más horrendos que te puedas imaginar… Siempre supe a lo que me arriesgaba en trabajar en esto y gracias a eso puedo vivir  y mantenerme, al aceptar esta vida acepte la soledad porque ninguna mujer aceptaría una vida así conmigo-
-Pero deja esta vida-
-Una vez que entras sólo sales muerto-
-Pues entonces entro-
-¿Estarías dispuesta a ver niñas de cinco años en manos de hombres que de seguro la harán someterán a horrores? Tú no eres así…no dudarías ni un día en esto-
-Yo quiero estar contigo-
-Mira lo pensé toda la noche y no quiero arrastraste a esta vida, sólo pregúntate, ¿Por qué entre en esto? Si sabía a lo que me enfrentaba-
-Por qué no tenías otra opción-
-Siempre la hay y yo me metí a esto porque es la manera más fácil de ganarme la vida y realmente no me importa lo que pase con esas mujeres ¿Quieres estar con alguien así?-
Callé por unos minutos, no quería mirarlo, me incitaba a verlo con la crudeza de sus actos pero no podía hacerlo, sólo lo veía como el chico que me ayudo y por erro cayó en esto, lo abracé y por lo menos recibió mi abrazo. Nos mantuvimos un buen rato abrazados, Carolina ya no se escuchaba como golpeaba la puerta, a pesar del silencio inquietante no podíamos conciliar ruido, sólo la incertidumbre de separarnos y ver cómo me seguirá tratando como crudeza ante mi desesperados intentos por permanecer a su lado
-¿Sabes?- Lo mire atentamente para escuchar que me diría cuando noté como sus ojos se llenaron de lágrimas- Ayer tuve un sueño, el poco rato que dormí soñé contigo abrazados tal cual como estamos ahora y fue lo mejor, me sentía tan feliz de vernos así, pues yo realmente te quiero y quiero lo mejor para ti, e insisto que a mi lado no encontrarás la felicidad… Al transcurrir el sueño hablábamos y veía como nos separábamos y nos poníamos a forcejear, mas nunca escuché el por qué de la discusión, en realidad no escuchaba nada, pero te empujaba y... Fue una grata felicidad ver que ese mal sueño sólo duro unos minutos mientras estuve toda la noche contigo, bajé para prepararte el desayuno, quería atenderte bien pues cada segundo que te contemplaba me gozaba de ver que estabas a mi lado y yo debía protegerte, cuando sonó mi celular y llamaron los tipos con la información de la llegada de Carolina, no podría tenerte aquí, quería alejarte de todo eso no quería que supieras nada sobre esto y no sabía cómo hacerlo pero al final te pude sacar de la casa. Realmente lo siento, no quise comportarme así contigo-
-Max… mi vida ha sido felicidades momentáneas, nunca he encontrado refugio en alguien y llegaste tú y no sé, han sido pocas las veces que nos hemos visto yo de verdad he sentido algo especial por ti y la felicidad duradera sé que está contigo y realmente no me importa “esto” lo aceptaré porque-Se escuchó la puerta.
-¡¡Max!! ¿Qué hace Carolina afuera?!!-
A Max se le cayó una lágrima y me agarró de los brazos y me decía que me escondiera, pero yo no quería, quería enfrentar junto a él este momento en el cual ya se vio sometido muchas veces. Me empujó, botándome al suelo…
-¿Te dije en que te terminaba el sueño?-
-No, Max-
-Escóndete, por favor-
Max giro mirando a la puerta y un tipo vestido de negro que entró bruscamente y le disparó, diciendo “esto es por dejar huir a la chica hueón”. Huyó, llevándose a Carolina, sólo se escucharon los gritos de esta pidiendo clemencia.
Me acerqué a Max y abrazándolo fuertemente comencé a llorar, mientras él me dijo
-Oye ¿te conté que había soñado varias veces esto?, incluso antes de conocerte…-


domingo, 12 de junio de 2011

Deja Vu: La chica rubia (Quinto Capítulo)

Llegue a su casa, ahí estaba él, un frío caló mis huesos y en mi corazón algo decía que me debía marchar, aunque a estas alturas de mi vida he dejado de escuchar a mi corazón, ya que siempre que lo sigo a él termino mal, confiar en él es como lanzarse al vacío así sin más, y las cosas no pueden ser así, arriesgar mucho por tan poco, caminar por las oscuridad sólo siguiéndolo a él sin saber lo que te depara el camino y las mil veces que te caerás.
Por lo que he decidido seguir mi razón, y en este caso la simple curiosidad, así que entre a la casa de Max, pasándome por la reja lateral, en el interior de la casa estaba una mujer, una chica joven con rasgos europeos, pelo rubio, alta, delgada de ojos cafés pardos, con unos pómulos bien pronunciados, nunca había vistos unos pómulos así de grandes. Al parecer no superaba los veinticinco años. 
-¿Quieres un café?-le ofreció Max
-No, gracias. Estaba ansiosa por llegar, temía perderme por ahí-
-Sí, bueno esta no es una ciudad peligrosa, así que nada malo podría pasarte-
-Te quería conocer, tras esas conversaciones virtuales debo decir que me has dejado encantada-le dijo con tanta emoción que me dieron ganas de patearlos a ambos, pero me contuve, pues no debían saber que yo estaba ahí.
-A mí también me has dejado encantado, tienes todas las virtudes que un hombre busca en una mujer-se acercó a ella, intentando ponerla nerviosa con unos coqueteos leves.
Estaba indignada, Max resultó ser un maldito seductor que se jacta de su caballerosidad, pero resulta ser el más imbécil ser humano que ha pisado este mundo. Ahora entiendo porque se comporto así de distante, así de frío y distante, lo único que quería era que me fuera para poder estar a solas con esa chica, claro si “tiene todo lo que un hombre busca”.
No pude estar ni un segundo más ahí, no podía ver que el mismo chico que se comportó de manera tan heroica conmigo la noche anterior hoy es el peor de todos. Pero no me podía ir debía recuperar mi celular y entre por la puerta trasera de la casa, siendo lo más cautelosa posible llegue a su dormitorio y tomé mi celular, hasta el momento todo iba perfecto, ya que ninguno había notado mi presencia, me dirigí hacia la puerta pero escuché sus voces, me percaté que venían al dormitorio y me escondí raudamente bajo la cama para no ser vista.
-Ponte esto-
-¿Qué es esto Max?-
-es ropa, sólo úsala-
-Si noto que es ropa, pero es muy diminuta, se me verá todo Max-No lograba  ver la ropa que Max le entregó a la chica para que se vistiera y que ella tanto se rehusó a usar.
-No te estoy preguntando, ¡¡Sólo úsalo!!-
-¿Qué sucede Max?-
-Sucede, que vendrán por ti en unos minutos más y debes estar lista-
-¿Vendrán por ti?, ¿Quiénes?-
-Bueno, por algo estás aquí ¿no?, si fueses lo suficientemente inteligente no hubieses llegado a Chile con la idea de casarnos-
-No entiendo-
-Yo te contacte con la idea de casarnos, y la verdad no me gustas, es sólo un negocio, yo por tenerte aquí y entregarte a los hombres que vendrán por ti estoy ganando mucho dinero-
-O sea que todo lo que me dijiste fue mentira-
-La verdad, nunca hablaste conmigo mi correo real no es ese, ese lo usan otras personas para contactar a mujeres como tú y usan mi foto-
-¿Qué harán conmigo?-
-Piensa, no me gusta decirlo, así que no lo haré-
-Déjame ir, ¡Max! Yo no quiero eso para mi vida, sólo quería casarme y tú…-
-Lo siento, de verdad, nunca fue mi intención lastimar a nadie-
-Y ¿Por qué lo haces?-
-Eso es algo que no te interesa, necesito dinero y gracias a ti y a niñitas como tú, he podido sobrevivir-.
Anonada bajo la cama, escuchaba sin poder recobrar la conciencia ante la situación en que me veía sometida, involucrada sin querer. Max era un tratante de blancas, traficante de mujeres y ¿Yo? Hubiese sido otra más de su colección, claro, por eso fue que no quiso que ocurriera nada la noche anterior, porque nunca me quiso, sólo iba a formar parte de su próxima entrega y menos mal que me fui. Ahora me he expuesto yo sola, nunca debí volver, ay maldito celular, que por ti estoy aquí, inmóvil, ya que ante el más mínimo movimiento puedo terminar como ésta chica, mis días en soledad y sólo con la convicción de morir, para librarme de un mal que caí por tonta, por creer y confiar en alguien quien nunca conocí de verdad, un ser despiadado que vende mujeres, como si fuesen lápices, o cualquier cosa, destinándolas a horrores que no merecen, debo callar, y lamentablemente es ella o yo, y no puedo, no quiero ser yo. Tengo miedo, estoy paralizada, no sé qué hacer, siento que debo ayudar a esa chica y librarla de la suerte a la cual la llevan, pero, y si es ella o yo, no quiero verme sometida a un final así; mi vida no ha sido grata, ni la más feliz pero es mi vida y no pienso que mi cuerpo sea objeto de personas desquiciadas, que paguen por el al costo que sea, ¡¡NO!! Nada puedo hacer, tal vez ya estando afuera podré obtener ayuda para la chica, antes no, antes debo estar segura yo.

Le suplicaba, le rogaba clemencia ante ella, su vida, su fortuna y él sin nada que decir se marchó dejándola  encerrada en su habitación. Aproveche para mostrarme e intentar escapar.
-¿Quién eres tú?-
-Eh, me llamo Camila-
-¿Qué haces aquí?-
-Vine a buscar a mi celular, y como ya lo tengo me voy-me subí a la ventana para intentar.
-Espera tú no te irás-
-Eh, de hecho es lo que haré y tú no me lo impedirás-
-No sabes quién soy yo-
-Tal vez no te conozco, y tú a mi tampoco, pero sé que eres una chica que engañaron y no puedo hacer nada por ti-
-¿Sabías todo?-
-No, me entere por casualidad-
-¡¡Camila!! ¿Qué haces aquí?-Llegó Max.