Llegue a su casa, ahí estaba él, un frío caló mis huesos y en mi corazón algo decía que me debía marchar, aunque a estas alturas de mi vida he dejado de escuchar a mi corazón, ya que siempre que lo sigo a él termino mal, confiar en él es como lanzarse al vacío así sin más, y las cosas no pueden ser así, arriesgar mucho por tan poco, caminar por las oscuridad sólo siguiéndolo a él sin saber lo que te depara el camino y las mil veces que te caerás.
Por lo que he decidido seguir mi razón, y en este caso la simple curiosidad, así que entre a la casa de Max, pasándome por la reja lateral, en el interior de la casa estaba una mujer, una chica joven con rasgos europeos, pelo rubio, alta, delgada de ojos cafés pardos, con unos pómulos bien pronunciados, nunca había vistos unos pómulos así de grandes. Al parecer no superaba los veinticinco años.
-¿Quieres un café?-le ofreció Max
-No, gracias. Estaba ansiosa por llegar, temía perderme por ahí-
-Sí, bueno esta no es una ciudad peligrosa, así que nada malo podría pasarte-
-Te quería conocer, tras esas conversaciones virtuales debo decir que me has dejado encantada-le dijo con tanta emoción que me dieron ganas de patearlos a ambos, pero me contuve, pues no debían saber que yo estaba ahí.
-A mí también me has dejado encantado, tienes todas las virtudes que un hombre busca en una mujer-se acercó a ella, intentando ponerla nerviosa con unos coqueteos leves.
Estaba indignada, Max resultó ser un maldito seductor que se jacta de su caballerosidad, pero resulta ser el más imbécil ser humano que ha pisado este mundo. Ahora entiendo porque se comporto así de distante, así de frío y distante, lo único que quería era que me fuera para poder estar a solas con esa chica, claro si “tiene todo lo que un hombre busca”.
No pude estar ni un segundo más ahí, no podía ver que el mismo chico que se comportó de manera tan heroica conmigo la noche anterior hoy es el peor de todos. Pero no me podía ir debía recuperar mi celular y entre por la puerta trasera de la casa, siendo lo más cautelosa posible llegue a su dormitorio y tomé mi celular, hasta el momento todo iba perfecto, ya que ninguno había notado mi presencia, me dirigí hacia la puerta pero escuché sus voces, me percaté que venían al dormitorio y me escondí raudamente bajo la cama para no ser vista.
-Ponte esto-
-¿Qué es esto Max?-
-es ropa, sólo úsala-
-Si noto que es ropa, pero es muy diminuta, se me verá todo Max-No lograba ver la ropa que Max le entregó a la chica para que se vistiera y que ella tanto se rehusó a usar.
-No te estoy preguntando, ¡¡Sólo úsalo!!-
-¿Qué sucede Max?-
-Sucede, que vendrán por ti en unos minutos más y debes estar lista-
-¿Vendrán por ti?, ¿Quiénes?-
-Bueno, por algo estás aquí ¿no?, si fueses lo suficientemente inteligente no hubieses llegado a Chile con la idea de casarnos-
-No entiendo-
-Yo te contacte con la idea de casarnos, y la verdad no me gustas, es sólo un negocio, yo por tenerte aquí y entregarte a los hombres que vendrán por ti estoy ganando mucho dinero-
-O sea que todo lo que me dijiste fue mentira-
-La verdad, nunca hablaste conmigo mi correo real no es ese, ese lo usan otras personas para contactar a mujeres como tú y usan mi foto-
-¿Qué harán conmigo?-
-Piensa, no me gusta decirlo, así que no lo haré-
-Déjame ir, ¡Max! Yo no quiero eso para mi vida, sólo quería casarme y tú…-
-Lo siento, de verdad, nunca fue mi intención lastimar a nadie-
-Y ¿Por qué lo haces?-
-Eso es algo que no te interesa, necesito dinero y gracias a ti y a niñitas como tú, he podido sobrevivir-.
Anonada bajo la cama, escuchaba sin poder recobrar la conciencia ante la situación en que me veía sometida, involucrada sin querer. Max era un tratante de blancas, traficante de mujeres y ¿Yo? Hubiese sido otra más de su colección, claro, por eso fue que no quiso que ocurriera nada la noche anterior, porque nunca me quiso, sólo iba a formar parte de su próxima entrega y menos mal que me fui. Ahora me he expuesto yo sola, nunca debí volver, ay maldito celular, que por ti estoy aquí, inmóvil, ya que ante el más mínimo movimiento puedo terminar como ésta chica, mis días en soledad y sólo con la convicción de morir, para librarme de un mal que caí por tonta, por creer y confiar en alguien quien nunca conocí de verdad, un ser despiadado que vende mujeres, como si fuesen lápices, o cualquier cosa, destinándolas a horrores que no merecen, debo callar, y lamentablemente es ella o yo, y no puedo, no quiero ser yo. Tengo miedo, estoy paralizada, no sé qué hacer, siento que debo ayudar a esa chica y librarla de la suerte a la cual la llevan, pero, y si es ella o yo, no quiero verme sometida a un final así; mi vida no ha sido grata, ni la más feliz pero es mi vida y no pienso que mi cuerpo sea objeto de personas desquiciadas, que paguen por el al costo que sea, ¡¡NO!! Nada puedo hacer, tal vez ya estando afuera podré obtener ayuda para la chica, antes no, antes debo estar segura yo.
Le suplicaba, le rogaba clemencia ante ella, su vida, su fortuna y él sin nada que decir se marchó dejándola encerrada en su habitación. Aproveche para mostrarme e intentar escapar.
-¿Quién eres tú?-
-Eh, me llamo Camila-
-¿Qué haces aquí?-
-Vine a buscar a mi celular, y como ya lo tengo me voy-me subí a la ventana para intentar.
-Espera tú no te irás-
-Eh, de hecho es lo que haré y tú no me lo impedirás-
-No sabes quién soy yo-
-Tal vez no te conozco, y tú a mi tampoco, pero sé que eres una chica que engañaron y no puedo hacer nada por ti-
-¿Sabías todo?-
-No, me entere por casualidad-
-¡¡Camila!! ¿Qué haces aquí?-Llegó Max.

No hay comentarios:
Publicar un comentario