Próximamente...

PRÓXIMAMENTE:
...


lunes, 10 de enero de 2011

La Noche Perfecta


No lo podía creer ni asimilar, todo era confuso. Nuestras miradas se cruzaron durante un par de segundos, tan sólo eso basto para que mi corazón se detuviera durante un par de minutos, y, a pesar que ya se haya ido mis latidos continúan con el vaivén del nerviosismo. ¿Sabrá  que existo? o sólo fue casualidad, aquel cruce de miradas.
Seguí mirando aquella vitrina del centro de la ciudad, el vendedor se me acerca con una dulce y profunda voz: ¿La puedo atender?, me pregunta. Y pienso claro que puede, es su trabajo ¿no? Pero no quiero así que la respuesta fue un sutil “no gracias”. Seguí caminando por Ahumada, tenía muchas ganas de caminar, y de preferencia sola. Lo prefiero, voy a mi ritmo y nadie me molesta, así es, sólo vivo a mi tiempo.
Pensaba comprar algo para tomar, un jugo natural con los treinta grados de calor no hace mal, así que me acerque a un típico carrito y la encontré nuevamente, ahí estaba esperado una troncal a quizás quien sabe dónde. Me acerque a ella, en realidad soy muy tímida por lo que no quise hablarle y me coloque a su lado para contemplarla. Tomaba cada sorbo con estilo, tal vez y a lo mejor me pudiese estar mirando y ante esa situación debo estar preparada y estar con mi mejor cara. Tomo un servicio hacia Maipú. Moría de ganas de seguirla y sin pensarlo dos veces me subí a la micro y me ubique en una parte donde ella no me viese pero yo sí a ella…
Una hora después me vi perdida, no conocía el sector y no la podría seguir eternamente y no pude contener las ganas de llorar, me senté en una banca cabizbaja y lamentando mi decisión.
-¿Te puedo ayudar en algo?- mágicamente era ella y me sonroje –Pero dime algo, noté que me seguiste y ahora te veo aquí llorando-
-No sé, me perdí-
-¿De dónde eres?-
-Ñuñoa-
-Hm te iré a dejar a tu casa, sólo si quieres-
-Bueno- feliz accedí a su propuesta, me parecía algo utópico, jamás pensé que me acompañaría a mi casa.
Tomamos una micro.
-¿Por qué me seguiste hasta acá?- me coloque muy nerviosa y no quería responder- Veo que eres de pocas palabras, pero no te preocupes, si no quieres hablar no hablemos- se acomodo en mi hombro y nos fuimos en silencio todo el viaje. Yo iba feliz, ella apoyada en mi hombro descansando de tal vez un agotador día y me sentía feliz de por un momento ser su apoyo y sentirme acompañada por ella.
-Nos bajamos- dije lamentándome que todo terminará aquí
-Tienes suerte, conozco por aquí un amigo y vive muy cerca de aquí así que no habrá problemas para que me devuelva a mi casa-
Sólo sonreí
-Bueno, me cargan los monólogos pero debo presentarme… Me llamo Patricia, tengo quince años y me gusta pintar y componer canciones ¿y tú?-
-Eh, yo me llamo Cristina tengo diecisiete años y me gusta leer-
-Vaya y ¿Qué tipo de lectura te gusta?-
-Hm, novelas románticas-
-Jaja, que tierna-
-¿y tú? ¿Qué música compones?-
-Lo que se me venga a la mente, sólo improvisación, así es mi vida sólo improvisar-
-¿Por qué me acompañaste?-
-Yo pregunte eso primero pero la palabra correcta es seguir no acompañar-
-No sé hay algo en ti que me hace querer estar contigo-
-Me sonrojas, jaja, no sé hay algo en ti que me agrada y no te podía dejar sola llorando en una banca-
-Bueno llegamos esta es mi casa-
-¡que linda!-
-gracias… ¿nos volveremos a ver?-
-siempre que tú quieras- Sus manos acariciaron mis cabellos e intentó aproximarse para finalizar nuestro atípico encuentro con un beso, pero no pude acceder, odie que no pudiese culminar en la perfección nuestro encuentro, desperté de aquel sueño con mi maldito despertador, un nuevo día se avecina, con las ganas de retornar a aquel sueño que me llevó a los más lindos momentos de mi vida. Pasajes y momentos que en esta vida jamás podré vivir y lo único que me espero que termine este día para volver a soñar con ella y mantener viva esta eterna ilusión…

1 comentario: