Capítulo Once: Secuestro y Mi Destino
Han sido días duros, con Bruno hemos buscado rastros de Emilia, no han dado señales de vida, rescates ni nada con respecto a ella y el objetivo de llevársela.
-Esteban, ¿Cómo va la investigación?-
-Estancada-
-¡¿Qué?! Necesito que resuelvas esto luego-
-Pero… ¡¡Emilia!!-
-Nosotros nos encargaremos de ella, tu enfócate en lo que debería interesarte tu trabajo-
-Lo siento, pero me interesan más mis pares que un caso-
-¿Perdón?-
-Sólo quiero encontrarla y que nada le pase, es mi compañera y no quiero que sufra por mi culpa-
-Creo que necesitas un tiempo, tómate una semana de descanso no quiero verte por aquí-
-Pero… ¿Y, los casos?-
-Se los asignaré a alguien más competente-
-Pero… ¡¡señor!!-
-Lo siento, ahora vete-
Me sentía inútil, Emilia llevaba tres días desaparecida y no me podía permitir no hacer nada por ella, por otro lado Bruno estaba destrozado y como loco buscaba en internet alguna pista e información de algún posible paradero.
Llame a Oscar, necesitaba su ayuda
-Lo siento de verdad, Emi no se merece esto-
-Lo sé, ayúdame, necesito encontrarla y más ahora que no puedo entrar a la institución-
-De acuerdo, te ayudaré en todo lo que pueda-
-Gracias-
Pase toda la tarde pensando y creando estrategias, mi vida se resumía en una sola palabra: Emilia. Hasta que todo se fue a negro, caí en el mundo de lo imposible, mis ojos se cerraron y comencé a soñar las mil y una fantasías de mi vida, bajo el mundo de Morfeo olvide mi realidad y sumergí en el mundo donde no existen horas, minutos ni días.
Sonaba a lo lejos una voz, no quería alcanzarla y volver a mi triste realidad sin ella, la voz se prolongaba y acercaba cada vez más a mí.
-¡¡Esteban!! ¡¡Esteban!! ¡¡Esteban!!- En mi somnolencia contesté
-¿Qué?-
-¡Vámonos!-
-¿A dónde?-
-Sólo sígueme…-

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