-¡¡¡Fuego!!!- Fue lo último que escuche cuando mi existencia se desvaneció, mis ojos se cerraron y mi corazón lentamente dejo de latir…
Mis padres, amantes de la tierra y adscritos a ella, campesinos de tiempo completo, mis viejos eran humildes, tenían todo lo que se necesitasen para ser felices, pues no aspiraban a riquezas utópicas y en abundancia, más bien cada sonrisa esbozada se debía a esto, la tierra. Y así crecí, trabajando cuando pequeño, con mi madre, de recolector y ya más grande con mi padre arando la tierra. Yo no quería una vida así, mis padres tampoco lo querían para mi, así que me enviaron a “la capital” a estudiar.
Estaba a puertas de cumplir diecisiete años, podría entrar al servicio militar. Era lo que más aspiraba y soñaba. Ser parte de las Fuerzas Armadas y de esta forma proteger a mi país y está tierra.
Tal vez muchos odien mi nombre y no los culpo, la verdad, me engrandece saber que me odien, pues en la generación que he vivido he dejado un rencor para conmigo y en las futuras generaciones también, esclavos de estudiarme, y ¿me ven preocupado?, la verdad no, no quería que todo llegase hasta el punto en que llego, pero las cosas así resultaron, pues ella influyo en mi.
Tenía veintiséis años ya, estudiaba derecho en una Universidad de prestigio pero momia, y la conocí en una tarde, de fiestas universitarias.
-¡Hey! Tú niño ¿Cómo te llamas?-
-Joaquín-respondí con mucho nervio y escuetamente
-Bueno yo me llamo Martina-
-Hola Martina- trate de irme
-Pero no te vayas…-
-¿Qué deseas de mí?- No se pudo parar de reír, su risa era incontenible y me sentí como un estúpido frente a eso, Se aproximo ante mí y acaricio mi mejilla…
-Eres un niño para mí, pero me serás muy útil, prepárate porque te buscaré-
Ella produjo en mí, sensaciones que nadie nunca habría producido ni siquiera un poco en mí, llenado de incertidumbre, de esas que te dejan despierto hasta altas horas de la madrugada. Muchas interrogantes surgen en mi mente y todas se reducen a una ¿Qué querrá de mí?, ella parece ser una joven con experiencia, ¿Qué le puede dar un adolescente como yo? Si mi experiencia se reduce en el camino de la casa al colegio, pues eso es lo que conozco de la vida. Y lo único que espero es a mañana y ver qué espera de mí…
Llegaron muchos mañanas y nunca recibí una señal de vida, recurrí los barrios universitarios y nada se había esfumado su presencia. Se había vuelto mi obsesión encontrarla y entender sus palabras, su propósito, y una vez más no supe de ella.

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