Capítulo tres: Sucesos Inhóspitos
Regresé a la residencia, me sentía como un gran tonto y es lo que soy de esos bien grandes.
Me hice falsas expectaciones con Martina pues, ella no quería un niño a su lado sino a un hombre y estoy seguro que al chico que besó, osea yo, sea lo que busque en un hombre, pero ¿Qué quiere entonces?, me quiere ayudar a entrar a las Fuerzas Aramadas del país pero ¿A costo de qué?. Me da miedo sólo pensar en las consecuencias que todo pueda traer. Su existencia enigmática, me causa cierto recelo pero amo su compañía y seguridad que más miedo me da el hecho de que mis sentimientos sean incontenibles y poder decir que no, ante todos sus anhelos y deseos.
En la residencia todo comienza a cesar más menos a las nueve y media, hora dónde cada uno se dirige a su habitación hasta el próximo día, y ya se bordeaba esa hora y yo no podía dormir, ella es como una maldición que me quita el sueño. Y decidí leer esas típicas novelas dónde los amores más irreales son posible y no hay obstáculos y me pregunto si realmente habrá obstáculos, tal vez no todo sea tan díficil en el amor... si viniera con instrucciones.
-¡¡¡¡Joaquín!!!! ¡¡¡Despierta niño por Dios!!! ya pue' ¡¡¡¡Joaquín!!!!-golpeaba con gran desespero y molestia la señora Julia
-¡¡¿Qué sucede?!!-
-Tú, y tus malas juntas. ¿No saben que esto es un casa decente?-
-Pero... ¿Por qué lo dice señora Julia?-
-¿No ve la hora m'ijo?-
-Casi las cuatro de la madrugada-
-Exacto, no son horas de llamar, ahora apure' a contestarle el teléfono a su amiguita-
Si se preguntan si estoy en shock, bueno les responderé que sí, lo estoy.
-¿Aló Martina?-
-Hola Joaquín, necesito que vengas a mi casa-
-Eh, no sé dónde vives, ¿ocurrió algo?-
-tú sólo ven, adiós-
-Pero...- Colgó el teléfono y sin rechistar me fui a cambiar de ropa para ir a su casa, no sabría cómo llegar lo único que sé es que debo llegar a su casa.
No me podía permitir que me descubriesen mi salida nocturna así que opté por salir cautelosamente para que no se dieran cuenta y así fue, demore demasiado pero nadie sospecho. Ya una vez afuera revise que toda ventana no tuviese luz, siendo la única manera de poder irme con la tranquilidad de que por la mañana no me llegaría un sermón de los residentes y la señora Julia.
Cerraba con cierto cuidado la reja, asegurandome que no se quedara abierta, mientras cerraba la puerta sentí un presencia atrás mío, creí que era mi imaginación cuando pude notar que la presencia era totalmente real, al parecer era un hombre vestido de negro que en pocos segundos me neutralizó, apretandome con fuerza y dejando casi insconciente me llevo con él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario