Capítulo Dos: un troglodita con un beso
Pasaban horas, días semanas y no supe de ella, tenía la convicción que me buscaría pero no fue así, la pensé una y otra vez y nunca supe de ella, su desmesurada figura provocó algo en mí que no se puede expresar pues, la vi una vez y siento que es la persona de toda mi vida, mi prototipo de mujer no existe, pero ahora sé que existe ella y ella es mi prototipo de mujer, tal vez sea un poco apresurado todo esto pero me veo en la necesidad de expresarlo. Este sentimiento ha crecido hasta no poder más, y ahora puedo decir que el amor a primera vista existe mientras ella exista...
Su composición de belleza era armónica su tez dorada con esos ojos verdes y ese cabello negro intenso acentuaban su carácter dominante, pues tal vez no era Hitler para sus cosas pero llevaba el mando de su vida y era lo que la hacía excitante
Un mes, el más largo de mi vida en la espera de su retorno, retorno que no llegaba y decidí volver a la monotonía de la cual nunca salí pero fue un mes que no supe de nada, ni nadie
-¡¡¡Joaquín!!!-me llamaba la Señora Julia, dueña de la residencia en la cual habitaba
-Dígame- contesté con una cierta incertidumbre
-chico en el salón hay alguien que te busca-
-¿A mí? ¡¡Qué extraño!! nadie me viene a buscar- y me aproximé al salón cuando la vi, mi corazón se detuvo por unos segundos para latir vertiginosamente hasta llegar al salón de visitas.
-Hola Joaquín- Fue un recibimiento tan cálido que olvide ese mes de desesperación
-Hola Martina... ¡Tanto tiempo!-
-Pues si... verás soy una mujer bastante ocupada-
-Disculpa...-
-jajá, y ¿Por qué? no te lo tomes así, simplemente la universidad te absorbe en demasía-
-jajá, no me lo imagino-
-No te lo imagines, si igual no irás a ella...- Aquél salón de la vieja Residencia "No me olvides..." se mantuvo por unos eternos minutos en silencio, que parecía ser irrompible, la mujer con un vestido largo amarillo que acentuaba su lascividad ante todo mientras que él la observaba bobamente por sus prominente figura y la veracidad de sus palabras. -Siento haberte incomodado con mis palabras, pero es la realidad de tu vida, no quieres ni puedes acceder a la Universidad, tu enfoque va hacia la Armada y yo te puedo ayudar-
-¿Cómo lo harás?-
-Ya lo sabrás, todo a su tiempo mientras ¿vamos a tomarnos un helado,? hace mucho calor-
Fuimos rumbo a una heladería, el asunto por el cual me busca no se trató más, a menos que ella lo requiera, siempre es así.
-Bueno niño, me tengo que ir-
-¿Tan luego?-
-Sí, esto no es una cita-
-Perdón... no te preocupes yo pagaré la cuenta-
-jajá, no te preocupes no me afecta pagarla yo-
-No, ¡jamás! me sentiría muy incómodo si hace eso-
-Pero que troglodita mi amor, yo no necesito de ti para solventar mis gastos, yo te invité yo pago-
Se acerco delicadamente, como ella siempre lo supo hacer, me besó suavemente en los labios y se marchó.

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